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Guillermo Giacosa, Opina.21ggiacosa@peru21.com

Como este último absorbe las sustancias radiactivas, la compañía que desarrolla este método sostiene que la ceniza resultante no estará contaminada. De confirmarse su eficacia, sería una buena noticia en medio de otras que, no por figurar en sitios secundarios de la prensa, son menos aterradoras: el tren Castor, por ejemplo, que viaja de una planta de reprocesamiento de material nuclear en Francia al depósito nuclear de Gorbelen, en Alemania.

Castor transporta residuos altamente radiactivos y la policía tiene que reprimir severamente a las poblaciones por donde ese tren pasa debido a los bloqueos de vía que estas llevan a cabo para evitar el avance del letal cargamento. ¿Imaginan un accidente?

En todo caso, Castor, los bloqueos y la policía reprimiendo ya son casi una tradición folclórica, pues el transporte de residuos radiactivos lleva años. Los mismos son depositados a 800 metros de profundidad bajo un salitral donde permanecerán aparentemente inocuos hasta que dejen de estarlo. Los ambientalistas alemanes consideran que el almacén nuclear no ofrece las garantías de seguridad necesarias y, por ello, reclaman sin demasiado éxito hasta el presente.

Son tantas las actividades en las que los humanos jugamos en la línea que divide vida y muerte que, como ya está ocurriendo, cada día son más las apuestas perdidas.