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Santiago Pedraglio,Opina.21spedraglio@peru21.com

Una lástima, porque definir adecuadamente al enemigo forma parte del abc de toda estrategia militar que se precie de serlo.

Las distintas maneras con las que se refieren las autoridades a este grupo –senderistas, terroristas, narcoterroristas– reflejan esta falta de conocimiento. Desde fuera del gobierno incluso hay quienes consideran que es una firma de narcotráfico (sui géneris, pero firma al fin).

El autodesignado "militarizado Partido Comunista del Perú" no es una continuidad del Sendero Luminoso de Abimael Guzmán; nacen de un cisma que ocurre cuando este anuncia el "acuerdo de paz" de 1993. Basta leer sus escritos para ver que tienen diferencias políticas y doctrinales (en su blog hablan de "'Gonzalo' y su camada de hienas terroristas…"). Su blanco son los policías y los militares, y no las autoridades políticas, como sí lo eran para Sendero Luminoso, y enarbolan reivindicaciones para lacear a la población.

Hoy tienen, además, un estrecho vínculo con el narcotráfico. Piden cupos, proveen protección y hay indicios de que están directamente involucrados en el negocio; no solo tratarían con narcotraficantes, como lo hizo Sendero, sino que formarían parte activa del negocio. Todo indica que por ahora pretenden mantenerse en un territorio específico, sin las pretensiones de fuerza nacional que tuvo Sendero Luminoso desde un inicio del conflicto.

Pero podrían modificar este objetivo, cual empresa en expansión, si el narcotráfico cobra vigor en otras zonas mal atendidas por el Estado, como algunas provincias de Puno.