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Carlos Carlín,Habla.BabasLlegaron las Fiestas Patrias. Todos, toditos (los que nos quedamos) tenemos tres días para recordar que somos peruanos. Tres días para sentirnos orgullosísimos de lo roja y blanca que es nuestra bandera (porque –ojo– es nuestra). Tres días para poner en nuestro techo nuestra bandera y en nuestro pecho una escarapela (la que se pincha, NO la de tela). Tres días para cantar hasta el aburrimiento "Y se llama Perú" con P ¿de qué? Con P de patria. 72 horas con licencia para emborracharnos a punta de pisco sour porque el Pisco es Peruano y ¡Viva el Perú, Carajo! Para reponernos con un delicioso cebiche o una riquísima papa rellena, platos de bandera que gracias a Gastón se han vuelto más importantes que la importantísima bandera.

Tenemos el 29 para ver desfilar tanques, perros y enfermeras en la Gran Parada Militar. Como postre, podremos disfrutar mirando cómo periodistas y analistas rebosantes de objetividad se lucen hablando y hablando sobre el mensaje presidencial. Gian Marco nos recordará, gracias a Claro o al BBVA, que todos somos Perú y que somos un gran país y que vivan nuestras mamás.

Pasarán estos tres días, doblaremos la bandera, perderemos la escarapela y todo volverá a la normalidad. Pasada la fiesta patria, ¿dónde queda la Peruanidad?