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La fiesta es un tributo a la Virgen de la Candelaria, la patrona de Puno, y los bailes son una representación de un imaginario que recoge elementos del mundo cristiano y de la cosmología andina. Es decir, este colorido evento tiene sus raíces en el sincretismo religioso. En el caso de la Diablada, por ejemplo, las máscaras representan a los demonios y el baile es una representación metafórica de la lucha entre el bien y el mal. Lo cierto es que los festejos arrancan con el traslado de la Virgen hacia la catedral de Puno. Luego prosiguen con la típica procesión en honor a la imagen. Después se realiza el concurso de danzas autóctonas, en el que más de 80 agrupaciones de toda la región de Puno bailan ritmos que datan de tiempos prehispánicos.

Sin embargo, el espectáculo más atractivo radica en el concurso de danzas mestizas: cientos de danzantes, vestidos con los tradicionales trajes de luces y máscaras, salen a las calles para moverse con entrega y demostrar que son los mejores. Se calcula que unas 40 mil personas suelen presentarse todos los años.

La fiesta durará hasta el 18 de febrero. Si se anima a ir, debe tener en cuenta un par de detalles. Primero, la altura. Puno se encuentra a más de 3800 metros sobre el nivel del mar, y es común que las personas que viven en el llano sufran con el soroche. Segundo, la intensidad de la fiesta. La ciudad se convierte en una gran pista de baile que puede durar desde las 7 de la mañana hasta la medianoche. Pero que ello no sea un obstáculo: la Fiesta de la Candelaria es un evento imperdible.