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Por: Jaime Bayly, La columna de Jaime BaylyTodo comenzó en 1983, en un canal de Lima, el canal 5. Yo tenía entonces dieciocho años y fui contratado para hacer preguntas en un programa político (que me pagasen por hacer preguntas me pareció una buena manera de ganarme la vida, dado que las preguntas me las hacía de todos modos, aun si no me pagaban, y lo difícil parecía tener las respuestas, no las preguntas), un programa llamado "Pulso", que años más tarde expiró por tener los latidos muy débiles, y para hacer entrevistas sosas, seseantes, en un programa llamado "Panorama", que irónicamente tenía como comentarista a un anciano que no podía otear el panorama porque era ciego. En ambos programas fui lo que se considera una "joven promesa" o un "talento precoz", etiquetas que suelen adherirse a la vida de quien será más adelante un viejo aburrido, tal es mi caso.

En 1985 me fui a hacer televisión a Santo Domingo, contratado por un cubano taimado que parecía un lagarto o un caimán, un discreto millonario que, según decían, era agente de la CIA (y como el tipo era medio tonto, el rumor parecía creíble), un sujeto intrigante que, de paso por Lima, me había visto en la televisión y había decidido llevarme a su programa caribeño, centroamericano, algo sudamericano (se veía en Ecuador y Colombia) para atacar a los fantoches, matones y embusteros de la izquierda casposa, tarea que desde luego acepté a mucha honra, porque siempre he creído (y así lo decía desde mis tiempos universitarios) que para ser comunista hay que ser medio tarado o un completo tarado, pero ya se sabe (y así lo ha advertido con perspicacia el señor Maradona) que los boludos (entiéndase, los tarados) son como las hormigas: están en todas partes. Ese programa, en el que trabajé cinco años y probé con suerte mis aptitudes como camelista, se emitía semanalmente en Centroamérica y en Puerto Rico y la República Dominicana, y me hizo famoso, a una edad pundonorosa, entre las hondureñas del campo, las nicaragüenses que matan culebras a palos, las dominicanas que se guarecen a la sombra de un cocotero y los boricuas que aplacan la sed en una cantina amiga. El programa se llamaba "Planeta Tres" o "Planeta 3", al parecer porque la Tierra es el tercer planeta del sistema solar (como si alguien pudiese ver el programa en Júpiter o en Saturno, no fuesen a confundirse los alienígenas curiosos), y por eso mis amigos peruanos creían que estaba estudiando para astronauta, pero yo, claro está, no estaba estudiando nada, vivía entre Santo Domingo y San Juan y Miami y ahora que recuerdo aquellos tiempos folloneros me digo que es un milagro que no haya muerto de una sobredosis o de sida.

En 1990 renuncié a "Planeta Tres", un programa que siempre quise llamar "Tres Planetas" en homenaje a Tres Patines, y me mudé a Lima, contratado por el canal 4, para apoyar la candidatura presidencial de Vargas Llosa. El programa se llamaba "1990 en América", un nombre horrendo y pomposo, pues, que se recuerde, también era 1990 en Europa, en África, en Asia y en el mundo entero, solo que entonces no había el cable y esas cosas y por lo visto convenía aclarar a los forasteros que también era 1990 en América y sobre todo en el Perú, no fuesen a creer que estábamos unos años rezagados, en 1970 por ejemplo, como en efecto parecía a primera vista, saliendo del aeropuerto. Cuando Vargas Llosa perdió las elecciones, renuncié al canal 4, pero no aceptaron mi renuncia y tuve que seguir en el programa hasta el final del año y de mi contrato, recién entonces pude irme del Perú. (Por cierto, toda la televisión peruana de entonces, a no ser por el canal estatal, apoyaba sin disimulos a Vargas Llosa, y no recuerdo que Vargas Llosa se quejase por eso ni que saliese a publicar cartas iracundas cuestionando la ética periodística de quienes lo apoyábamos o exigiendo equilibrio informativo a favor de los otros candidatos).

En 1991, después de una temporada literaria en Madrid, me mudé a Miami, donde, pagado por el canal 5 de Lima, presenté un programa fallido, "Qué hay de nuevo", una lata que se producía en Miami y solo se veía por canal 5 en el Perú, lo que nos llevó al fracaso, puesto que, como era previsible, los peruanos querían verme haciendo televisión en Lima y no en Miami, y por eso ya a finales de 1991 y hasta el golpe de abril de 1992 me fui a vivir a Lima y me divertí con ese programa atropellado, alocado, que solía hacer con una camiseta de los Simpson y unos zapatillas Converse y en el que me entretenía llamar por teléfono a la casa de gobierno de Lima para ver quién contestaba.

En 1992 y 1993 viví en Washington, retirado de la televisión. Como mis ahorros diezmaron, tuve que regresar a Lima el segundo semestre de 1994 a presentar un programa espantosamente llamado "Bayly en vivo" en canal 5, así llamado porque el programa se emitía en vivo y porque yo estaba vivo, pero que bien pudo llamarse "Bayly no es tan vivo" o "Bayly no quiere seguir vivo", porque mi testarudez como escritor me había impuesto la humillación de ganar dinero y por consiguiente volver a la televisión, lo que demostraba que no era tan listo ni tan vivo, y porque esa rendición moral, una de las tantas que estaban por venir, me había hecho desfallecer un poco, morir al menos como escritor que no quería contaminarse con el circo putañero de la televisión.

De 1995 al 2000 viví en Miami y presenté tres programas de televisión: "Jaime Bayly en vivo" por canal Sur, "En directo con Jaime Bayly", por CBS en español y "El show de Jaime Bayly", por Telemundo (cuánta impudicia con el bendito nombre, qué mentira tan descarada llamar a eso un show). Los primeros fueron un cierto éxito; el último, un fracaso. Hacía entrevistas, o sea hacía preguntas, o sea llenaba los silencios, o sea simulaba interés, pero ahora no recuerdo nada y creo que todo aquello fue un esfuerzo baladí, un emprendimiento fatuo y narcisista, una pose de dandy haragán, y si me encontrase con la mayor parte de los sujetos que entrevisté en aquellos programas, con seguridad no los recordaría.

Herido por el traspié en Telemundo (fue la primera vez que me despidieron, y además pagándome bastante, es decir pagándome para que no hiciera televisión), tuve que mudarme a Lima el 2001 y 2002, donde presenté, en canal 5 nuevamente, "La noche es virgen", aludiendo a mi novela, "una novela en la que solo queda virgen la noche", según escribió un crítico.

El 2003, 2004 y 2005 viví entre Miami, Lima y Buenos Aires, dedicado exclusivamente a escribir.

El 2006 regresé a la televisión con "El Francotirador" por canal 2 de Lima, con "Bayly" por Mega de Miami y con unas entrevistas algo babosas en el programa "Tendencia" de canal 9 de Buenos Aires. Viajaba todas las semanas, lo que minó mi salud y me hizo adicto a las pastillas para dormir. De esos tres programas, el que más ha durado ha sido el de Mega, que he seguido haciendo en Miami y se interrumpirá los próximos días cuando salga de vacaciones, descanso que será bueno para seguir machacando el oficio al que no pienso renunciar, el de escribir ficciones.