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Carlos Carlín,Habla.BabasY me habló de todo. Mucho de todo eso (desgraciadamente) no lo puedo contar. Después de dos horas escuchando, puedo decir que, a pesar de todo lo vivido, todavía hay algo en ella que podría llamarse ingenuidad. Baila, se ríe de la nada, te pregunta si luce bien, te vuelve a preguntar, si se cambia el arete, si se le cae el arete. De papas pasa a camotes y de camotes pasa a Cromwells. Se acomoda las tetas y, súbitamente, se pone seria. Recuerda lo peor de su vida en la droga. Esa noche que creyó que vivía gente en su colchón. Recuerda que está viva de milagro. Se burla de la hipocresía, de la doble moral. De los estúpidos limeños que creían que, por charapa, siempre estaba lista para el levante. "Por eso tuve que volverme Sankuokai", me dice. Se despega y recupera esa inconsciencia que la hace feliz. Se cambia el arete, baila y solo quiere olvidarse de que, algún día, Eva María fue Solange con su maleta de piel, con su bikini y sus rayas.