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Por: Carmen González, Opina.21gonzalez@ceprovi.org

Cuando la emoción o la rabia es muy intensa, puede tomar dos caminos:

1. Es reconocida, mirada y pensada por el neocerebro; o 2. Es actuada, o sea, se expresa a través del cuerpo convirtiéndose en acción: insulto o golpe.

En el caso 1, el padre o la madre reconocen la rabia derivada de que el hijo no cumpla sus deseos, que ellos creen que es lo mejor para educarlos; se dan cuenta de que el hijo necesita tener las emociones calmas para pensar y aprender lo que los padres le trasmiten; hacen el esfuerzo, respiran hondo y la rabia es controlada. Más serenos, le explicarán que probablemente le da cólera hacer la tarea asignada, pero que en la vida hay que hacer lo que se debe y no solo lo que nos provoca. Que así como ellos dominan su impulso de "castigarlo", así él debe dominar su impulso de hacer lo que le plazca.

En el caso 2, al padre se le abre la compuerta del cerebro reptil y ya no piensa. Da rienda suelta a su ira, que puede ser enorme si en su infancia fue maltratado. Pueden matar como le pasó a la madre de Pierina.