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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Así tenemos que el aumento en el uso de medicamentos entre estudiantes para estar más alertas o mantenerse despiertos está creando una nueva fuente de dependencia como la del tabaco, el alcohol o de cualquier otra droga de la cual sea difícil escapar. Uno empieza a tener la sensación de que, en general, estamos perdiendo la guerra contra la adicción. Sin duda, es urgente que el Gobierno asuma un rol más activo exigiendo una mayor fiscalización y destinando más recursos a las labores de prevención.

Por otro lado, es muy importante la labor de organizaciones como Cedro, al alertar a los padres sobre los riesgos que sus hijos están enfrentando. Sin embargo, es poco lo que el Estado o esas entidades pueden lograr si es que no hay conciencia en un hogar sobre lo fundamental que es enseñarles a los jóvenes el perjuicio que el licor y las drogas les están causando.

Más aún, es común que sean los propios padres quienes promuevan el consumo, ya sea presionando innecesariamente a los estudiantes o –lo más frecuente– ofreciéndoles a los chicos –a fin de congraciarse con ellos– cigarros o trago.

Para luego hacerse de la 'vista gorda' cuando empiezan a tener problemas de dependencia, al no aceptarlo, ya sea por vergüenza o por una total ausencia de criterio, pensando que cuando ellos eran jóvenes 'sí pudieron manejarlo'.

Al final, la suma de la falta de control en la venta de licor a menores, la facilidad con la que pueden obtenerse drogas legales e ilegales y una creciente actitud permisiva en el seno de muchos hogares está llevando a un incremento alarmante en los niveles de consumo de todo tipo de sustancias que tienen en común el causar un daño irreparable en nuestra juventud. Es hora de enfrentarlo.