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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Sin embargo, al cabo de unos meses, los terroristas nuevamente atacaron destruyendo tres helicópteros en Kiteni, a solo 30 minutos de donde ocurrió el primer incidente. Ahora secuestran a profesores en el mismo lugar en el que tomaron cautivos a los trabajadores. Simplemente, Sendero se mueve como le da la gana alrededor del gasoducto de Camisea. Es como Pedro paseando por su casa.

En realidad, sobre el primer ataque se podría decir –siendo generosos con los militares– que fueron sorprendidos. El segundo ya fue una negligencia mayor, y a los encargados los debieron de haber sancionado. Pero, sufrir tres atentados en solo un año y en la misma zona, ya parece una burla. Sin duda, es un escándalo.

Por otro lado, en el Gobierno no parecen ser conscientes –o no toman en serio– lo que el país está arriesgando. Un ataque al gasoducto puede frenar el crecimiento económico en un solo acto. Cerca del 40% del consumo eléctrico depende de Camisea y no hay manera de reemplazarlo. Así que no entendemos qué es lo que están esperando.

Más aún, si los terroristas son solo unos cuantos –cuatro gatos, como dice el premier–, entonces que manden a esa zona a dos o tres mil comandos experimentados con helicópteros artillados. Que el sector Defensa demuestre tener algún sentido de urgencia y que, al menos, dé la impresión de estar intentando neutralizarlos.

Francamente, uno se pregunta cómo justificar los impuestos tan altos que los contribuyentes pagamos para –entre otros gastos– mantener a 200 mil efectivos armados, si es que 200 'harapientos' no pueden ser capturados.