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Mauricio Mulder,Pido la palabraCongresista

No solo Sendero, también la izquierda radical sistémica (ex IU) ha logrado encaramarse en el epicentro del debate político buscando propiciar un reacomodo que afirme su identidad y su presencia nacional. Tuvieron la sagacidad, en el último lustro, de pintarse de "intelectuales reconocidos" o "analistas" y rodear al novel candidato que por entonces solo repetía frases clichés bajo el epígrafe de "nacionalismo" y le brindaron fórmulas intelectuales más elaboradas para mejorar sus propuestas.

Pero como recordaba Benedetti hace algunos años, aludiendo al famoso tango de Alfredo Lepera, la izquierda comunista ya estaba deambulando por el mundo con aquello de cargar "la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser". Cómo habrá sido (y aún es) catastrófica la gestión política de los comunistas allí en donde se impusieron, que el término "comunista" en muchos países se volvió sinónimo de insulto. Ahuyentados por la caída del Muro de Berlín en donde paraísos comunistas de 70 años mostraban a sus masas reclamando ser ultracapitalistas, los comunistas criollos empezaron a ser solo socialistas, progresistas, socialdemócratas, demócratas, modernos etc. Sus partidos, asolados por el dogmatismo y el caudillismo, pasaron a ser en la mayoría de los casos ONG sólidamente financiadas por agencias trasnacionales del imperialismo y de las fundaciones más conservadoras del mundo capitalista. Y por tanto, lograron presencia e influencia en el mundo académico y mediático del país dos de las más importantes columnas del pensamiento colectivo de una sociedad.

Pero lo estrictamente político latía siempre en sus corazones y nunca dejaron de añorar el poder del Estado. En sus cerebros latía languideciente la vieja frase leninista "salvo el poder todo es ilusión". Demasiado viejos y aburguesados para reivindicar la lucha armada, término prostituido en nuestro país gracias a Sendero, no era mala idea encontrar al caudillo-locomotora y constituirse en sus remolques. Algo se podía hacer. Había que volverse imprescindible y como siempre, agudizar al máximo las contradicciones de la sociedad para que los más débiles volteen sus miradas hacia ellos como la única salvación a sus males. Mientras peor ande un país, más caldo de cultivo para la propuesta demagógica que prometa el paraíso como una suerte de revancha contra la burguesía explotadora. A la larga no hay pierde, y no lo hubo. El caudillo-locomotora ganó las elecciones y todos tendrían su pedacito de sombra bajo su ala.

Pero ¡oh sorpresa! el poder ya no era como antes. Ahora ya no podían, como antaño, decretar actos revolucionarios con proyectos de ley. Lo revolucionario dejó de ser lo que era y las masas ya no reclaman la destrucción del sistema sino incluirse en él. Y resultaba que el gobierno anterior ya había avanzado en ese predicamento al incluir en la PEA y por tanto sacar de la pobreza, a cinco millones de personas y lo había hecho sin estatizar un banco ni expropiar una mina. Ellos se la habían pasado denunciando la "ultraderechización" del gobierno aprista, pero era que este había reducido la pobreza 20 puntos. ¿Qué era pues hoy en día lo revolucionario?

Agudizar contradicciones, confrontar a los enemigos de clase y buscar la creación de condiciones revolucionarias no son fórmulas para gobernar ni incluir. No lo entendieron. Siguieron creyendo que salvo el poder todo es ilusión. Y hoy bien pueden seguir cantando el tango de Lepera sobretodo aquello de cuesta abajo en mi rodada las ilusiones pasadas ya no las puedo arrancar. Sueño, con el pasado que añoro, el tiempo viejo que lloro y que nunca volverá…