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Enrique Castillo,Opina.21ecastillo@peru21.com

A ninguna de las partes les ha entusiasmado o siquiera les ha parecido bien la participación eclesial en este conflicto –sino ya la hubieran propuesto o aceptado antes–, lo que ha ocurrido es que ante la pérdida de cinco vidas humanas en un solo día, se han visto obligados a aceptar. Una prueba de lo repentino e incómodo que pudo haber sido el tema, es que tanto Humala como Santos han ensayado sus propias y poco claras definiciones sobre el papel del Obispo (mediador, facilitador, escucha); y ambas partes han seguido lanzándose acusaciones y frases muy fuertes, aún después que Cabrejos dio el sí.

Las gestiones iniciales estarán signadas por la marcada desconfianza –que ha llevado a Santos a plantear la presencia de Gastón Garatea, y a Monseñor Cipriani a pronunciarse críticamente sobre el pedido a la Iglesia–, y también por la poca disposición de los enfrentados para ponerse de acuerdo, debido al poco margen que dejan las posiciones en las que están atrincheradas las partes.

En ese escenario, ¿qué puede lograr Monseñor Cabrejos? Convencer a Santos de que el actual Conga debe ir será casi imposible, por lo que si el Obispo no quiere fracasar o no quiere parecer el Caballo de Troya del Gobierno, debe acercar las posiciones, y para ello tendrá que convencer al Gobierno que algo tiene que ceder… una vez más, ¿Humala querrá hacerlo? La respuesta no dependerá solo del Gobierno, sino también de la empresa que deberá seguir muy cerca el proceso y participar activamente, en una prueba de que sí era su problema. Obviamente que si nadie quiere ceder, el intento acabará en frustración y todo será en vano.