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Mauricio Mulder,Pido la palabraA 20 años del infame y falaz golpe de Estado del 5 de abril, muchas cosas han quedado todavía pendientes en la historia nacional, entendida como la ciencia que nos permite examinar nuestra realidad para no repetir nuestras desgracias. Los 12 años de estado de derecho que siguieron a la vergonzosa caída de la dictadura fujimorista no han sido aún constructivos de una nueva institucionalidad y no nos han vacunado contra el virus dictatorial que algunos llevan en sus genes desde épocas coloniales.

1) Seguimos rigiéndonos por la Constitución de 1993, que fue el documento de ocupación golpista. Lo avanzado en el 2002 por la Comisión Pease, y que fue altamente valioso y tuvo casi 50 artículos aprobados por más de 80 votos, fue parado abruptamente tras perder peso político por la reacción mediática del empresariado nacional, que se escandalizó alharaquientamente porque se estaba discutiendo eliminar el rol subsidiario del Estado en la economía. Es un tema pendiente.

2) Los partidos democráticos, incluido el oficialismo actual, hemos privilegiado nuestras diferencias y enconos mutuos dedicándonos a sacarnos todo tipo de trapitos y lanzarnos todo tipo de acusaciones. Es verdad que, muchas veces, motivos no faltaban, pero nos olvidamos de hacer docencia de los valores de la democracia, fundamentalmente del dialogo político, para que el país recuerde que no hay nada más corrupto que una dictadura.

3) Muchos medios de comunicación, sobre todo la TV, que en su momento apoyaron el golpe, así como muchos de los periodistas de entonces que hoy siguen vigentes, 'recuperaron' sus ganas de investigar y fiscalizar con dureza a los políticos solo una vez que la dictadura había caído. Sobran ejemplos superconocidos de catones periodísticos de la actualidad, prestos a 'levantar' notas fuertes contra parlamentarios impresentables, lo que sin duda es su deber, pero que en épocas dictatoriales silbaban mirando el techo cuando otros impresentables poblaban la fauna congresal fujimorista. Las tres razones del Oidor.

4) Si vemos todas las encuestas que al respecto se han dado, a grosso modo, un 30 por ciento de los peruanos aplaudiría una dictadura. No me extraña. Leguía, Sánchez Cerro y Odría fueron populares. Hitler y Mussolini, también. Pero, aunque fueran mayoritarios, que en realidad nunca lo fueron, no se hagan ilusiones. Ni siquiera los pueblos pueden imponer dictaduras. No es vox pópuli, vox dei. Los derechos fundamentales son inalienables e irrenunciables. No hay dictadura que valga.

5) Albert Camus decía que la tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas. Es verdad que hay caldos de cultivo. Si las democracias son elitistas, reaccionarias, antiproletarias, corrompidas, los ignorantes creerán que una dictadura barrerá con ello. Pero debe quedar claro que la dictadura fujimorista ni redujo la pobreza, ni descentralizó el país, ni dio tanto empleo como lo ha hecho la democracia.

6) El llamado 'fujimorismo' es todavía un remanente antidemocrático que le debe pedir perdón al país. El solo hecho de que ese grupo se autodenomine con un apellido, y que quien hoy lo conduzca lo haga por herencia y no por mérito político, debería ser suficiente para sonrojar al país. Los votos que han obtenido limpiamente debieran llevarlos, algún día, a reflexionar al respecto y a deponer la soberbia que hoy exhiben.