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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Ello debido a que solo uno de cada cuatro trabajadores tiene un empleo adecuado en el sector formal, con derechos laborales, beneficiándose de pensión y seguridad social. La causa de esta inaceptable situación es la rigidez de la legislación laboral, la cual protege a como dé lugar a los defensores de los privilegiados que forman la oligarquía sindical.

Así tenemos que a los barones de las centrales sindicales –que hace años no tienen un día de trabajo normal como cualquier mortal gracias a su actividad gremial– poco les interesa la suerte de 10 millones de peruanos que sobreviven sin un empleo adecuado. Esa dificultad nace de las distorsiones de un exceso de protección legal al afortunado que está en planilla, al margen de si es ineficiente u holgazán.

Al mismo tiempo la legislación penaliza la creación de nuevos puestos de trabajo al colgarles prohibitivos sobrecostos laborales y una valla altísima para despedir al que comete una falta o que simplemente demuestra ser incapaz.

Peor aún, en lugar de salir del entrampamiento laboral nos estamos hundiendo cada vez más en el pantano de la informalidad con medidas como el aumento del sueldo mínimo vital, que solo sirven para incentivar aún más al pequeño empresario a permanecer informal.

Por otro lado, las pocas iniciativas adecuadas como la Ley de Formalización de las Mype son encarpetadas. Por una parte, porque los sindicatos quieren derogarla y, por otra, por el cortoplacismo fiscal, que hace que no se tengan partidas presupuestadas para implementarla.

Al final, el Estado está frente a un abismo previsional –que lo puede quebrar– ya que la mayoría de trabajadores no tienen seguridad social y no hay incentivos para mejorar la productividad laboral. El único que está contento es el oligarca sindical.