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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Y tendríamos que comenzar por el desangelado Rajoy, presidente del Gobierno español, quien dijo que no quería un préstamo y, una vez que se vio obligado a recibirlo, se autoproclamó Superman venciendo a la kriptonita. La lógica (¿existirá?) indica que si a un país como España le prestan 100 mil millones de euros y, además, le dan a entender –aunque hasta ahora nadie entiende– que ese préstamo no le traerá nuevos problemas, la reacción lógica del mercado debería ser la euforia o, al menos, una serena alegría. Nada de eso ha ocurrido. Pese a la inyección de semejante fortuna, la prima de riesgo española continuó en las nubes y el interés que debe pagar por sus bonos aumentó. ¿A qué se debe está desconcertante reacción de los inversores?, se pregunta la prensa hispana teniendo en cuenta que los 100 mil millones parecen suficientes para cubrir las necesidades bancarias.

Parece que aún no se sabe si los intereses de este préstamo, como ha ocurrido con Irlanda, Grecia y Portugal, van a aumentar el déficit del Estado. Teóricamente es así, pero se habla de una excepción. La misma caería, lógicamente, como un puntapié en los ya sufridos genitales de los países que no gozaron de dicha ventaja.

Si luego de leer esta nota está aún más confundido, no se preocupe. Lo mismo les pasa a Rajoy, a sus ministros y, sospecho que, también, a los dueños de los fondos destinados al salvataje.