notitle
notitle

Fritz Du Bois,La opinión del directorUna señal inequívoca de cuando los gobernantes pierden sentido de la realidad es el malestar que el abuso del poder genera entre los ciudadanos.

Es así que el alcalde del distrito limeño de Surco se ha quejado por la molestia que causan, en su localidad, un alto número de funcionarios todos los cuales cuentan con escoltas y motociclistas cuando son movilizados.

Por lo que continuamente bloquean las avenidas principales a fin de que puedan transitar a alta velocidad sin tener que esperar como cualquier ciudadano, dejando a su paso un mayor atolladero al normal, que ya es infernal. De esa manera, están generando atrasos adicionales a los sufridos conductores y pasajeros que, con sus impuestos, financian al Estado.

Por otro lado, si bien se podría entender la preocupación de los agentes de seguridad por movilizar con rapidez al mandatario –quien es uno de los que habitan en ese vecindario– no se justifica que se pare el tránsito para darle paso a cualquier otro ministro, general o funcionario. Si alguien se levantó tarde y está apurado el problema no tiene por qué ser trasladado a todos los habitantes del barrio.

Incluso, al inicio del gobierno anterior se indicó que las comitivas oficiales no serían privilegiadas y se tuvo por un lapso la inusual imagen de carros de ministros esperando por la luz verde en el semáforo. Lamentablemente, con el paso del tiempo la medida se fue olvidando.

Lo que debería llevarnos a exigir reglas claras sobre el uso de esos privilegios, los cuales no pueden quedar simplemente a la voluntad o criterio de cada funcionario y que deberían de estar limitados, en todo caso, a los presidentes de los poderes del estado.

Más aún, si algún funcionario es desconsiderado con el resto de ciudadanos y actúa como privilegiado debería ser sancionado. Qué mejor sanción para alguien que abusa del poder que retirárselo, destituyéndolo del cargo en el acto.