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Carmen González,Opina.21c.gonzalez@ceprovi.org

Antes, ellas también eran cazadoras. Después, ellas se quedaron en las cavernas, amamantando a los críos.

Desde ese momento, los varones consideraron su trabajo como superior y, por lo tanto, también a su género. O sea que es un asunto cultural y no de la naturaleza. La historia escrita por ellos legitimó este orden artificial, donde se cree que las mujeres son inferiores. Por ello, se las puede usar, desechar y maltratar hasta matarlas.

Los medios de comunicación las tratan como objetos. No son personas con sentimientos, emociones, inteligencia y espíritu. Solo cuerpos de los cuales se selecciona la presa más apetecible: muslo, pecho o lo que más excite a las glándulas salivales –y a las otras– del macho. Se las muestra tramposas, brutas, ignorantes, mercenarias con su cuerpo, etc.

Necesitamos que se reconozca que más importante que el derecho a la libre expresión es el derecho a ser respetadas como personas y no como objetos. Así es que propongo una comisión formada por mujeres para censurar a todos aquellos programas que se atrevan a denigrarnos. ¡Y que no nos digan que es inconstitucional, porque nos vamos a un referéndum!