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Lucía de Althaus, Opina.21La mirada hacia nuestros hijos es el espejo en donde ellos se miran. Por eso, esta mirada debe ser una que observe algo bello, creativo y que nos sorprenda día a día. De esta manera ellos se sienten así: queridos y especiales. 

El problema es que esta mirada puede ser abruptamente cambiada debido al demencial contexto de ingresos a los colegios, en donde los niños son rigurosamente observados buscando alguna falla que justifique el filtro de ingreso. Así, de pronto tenemos miles de niños hipotónicos, inmaduros, con baja autoestima o con retrasos en el lenguaje. Estas etiquetas puestas por los colegios generan inseguridad en los padres, tanto en su labor como criadores como en su producto: tienen un hijo que necesita una docena de terapias. Es así como cambia la mirada y los niños empiezan a sentir que algo anda mal en ellos, desarrollando una baja autoestima.

El niño por definición está en desarrollo, siendo pura potencialidad. La búsqueda de la perfección va en contra de su esencia y no respeta los tiempos individuales propios del ser humano.