SORPRESA. La muerte de los dos religiosos conmocionó a Bogotá. (AP)
SORPRESA. La muerte de los dos religiosos conmocionó a Bogotá. (AP)

BOGOTÁ (EFE).– El caso del asesinato de dos sacerdotes, que en enero del año pasado conmocionó a Bogotá, dio un giro sorpresivo a raíz de las investigaciones de la Fiscalía que indican que ellos planearon su muerte.

Los prelados católicos Rafael Reátiga Rojas, de 35 años, y Richard Armando Píffano Laguado, de 36 años, contrataron dos sicarios a quienes les pagaron 15 millones de pesos (8,435 dólares).

Según la fiscal Ana Patricia Larrota, uno de ellos era portador del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), por lo que los sacerdotes –que se presume tenían una relación sentimental– habrían hecho un pacto de muerte a raíz de este hecho.

Luego de hacer un seguimiento de las llamadas telefónicas que hicieron ambos pocas horas antes del ataque a balazos, se pudo identificar a dos integrantes de una banda de sicarios. Estos recién fueron formalmente acusados por homicidio agravado.

SUICIDIO FRUSTRADOLa fiscal Larrota indicó que luego de que uno de los curas supo que era portador del VIH, ambos intentaron matarse con la simulación de un accidente de tráfico en un despeñadero cerca de Bucaramanga, al noreste de Colombia.

Las barandas de contención al borde de la carretera les impidieron concretar su plan, por lo que concluyeron que la única opción que tenían era encontrar a alguien que les segara la vida.

SABÍA QUE

- Los dos sacerdotes, de 35 años y 36 años, aparecieron baleados dentro del auto de uno de ellos en una calle del sur de Bogotá, el 27 de enero del año pasado, en un aparente hecho de asalto.

- La Fiscalía indicó que Rafael Reátiga, uno de los curas, frecuentaba un conocido bar gay de Bogotá.