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Mónica Delta,Opina21mdelta@peru21.com

Así ha ocurrido con ministros y, ahora, con el jefe de Devida, Ricardo Soberón, quien nunca debió ser designado en ese cargo. Aunque hay que decirlo: se trata de un gobierno generoso donde los renunciantes, en un importante número, pasan de un cargo en el Ejecutivo a un magnífico cargo diplomático con sueldos nada despreciables. Veremos si también a Soberón le 'liga' alguna embajada.

Considerando el estilo de gobierno que aún no se termina de delinear, me es difícil entender el interés del mandatario en un "relanzamiento" de Petroperú como empresario estatal y en asociación con la venezolana PDVSA, que es una especie de "botín" de Hugo Chávez para sus transacciones políticas con otros países. Que Humala busque tener una "buena vecindad", perfecto. Que, como parece haber ocurrido, logre, por su "buena química" con Chávez, favorecer a los textileros peruanos en el incremento del flujo comercial, porque el tipo de cambio en Venezuela (que funciona como el famoso dólar MUC de nuestro desgraciado pasado) favorece a los peruanos, de acuerdo. Que coma arepas y brinde con su vecino venezolano, es su problema, pero queremos confiar en que no hipoteca ninguna relación económica a los apetitos geopolíticos de Chávez, que son harto conocidos.

En las últimas décadas, la matriz energética de nuestro país se ha alimentado de la inversión privada. Que Petroperú quiera entrar a explorar petróleo, luego de dos décadas de no hacerlo arriesgando la plata de los contribuyentes, es peligroso. Da la sensación de mirar "con nostalgia" al gobierno "revolucionario" de Velasco, del que habla con cariño el presidente Humala en su libro, el mismo que le regaló a Hugo Chávez en reciente visita. Mucho cuidado con esa clase de romanticismo.