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Ariel Segal, Opina.21 arielsegal@hotmail.com

El gobierno de Netanyahu ha hecho en los dos últimos años lo que los palestinos le han señalado a Israel: "Nunca perder una oportunidad para perder una oportunidad", y es obvio que, al no congelar la construcción de asentamientos en Cisjordania –requisito mínimo exigido por el moderado régimen de la Autoridad Palestina, al mando de Mahmoud Abbas, y por Obama–, demuestra poco interés en buscar una solución de paz para Israel y Cisjordania.

El caso de Gaza es diferente desde que el movimiento radical islamista Hamas se apoderó de la franja, expulsando a los miembros del Fatah (palestinos laicos vinculados a Abbas), en 2007, quienes si bien tenían la mayoría parlamentaria de la Asamblea Palestina, eso no les daba el derecho de apoderarse de las instituciones del Ejecutivo en la pequeña franja.

Gaza es diferente a Cisjordania porque Hamas sigue promoviendo la destrucción de Israel y no endosa los acuerdos de Oslo de 1993, en los cuales palestinos e israelíes se reconocen mutuamente; lo cual, sumado a su historial terrorista y a sus constantes bombardeos al sur de Israel, demuestra que son contraparte para una negociación.

El actual conflicto se da luego de lo que el periodista Julián Schvindlerman expone en un artículo del 8-11-12: "Los ingenieros iraníes, proveedores militares de Hamas, y los técnicos de este movimiento integrista parecen haber logrado construir algo tecnológicamente imposible: un cohete que es solo visible para los israelíes e invisible para el resto del mundo. Durante este 2012 fueron lanzados desde la franja de Gaza alrededor de 800 cohetes sin que la comunidad internacional emitiera protesta alguna".

Israel no solo tiene el derecho sino el deber, ante sus habitantes, de defenderse del ataque sistemático de Hamas.