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Mauricio Mulder,Pido la palabraLa llamada democracia "representativa", que se ejecuta sobre la base de electos que reciben mandato o encargo para gobernar en nombre de sus electores, es la única manera de hacer que un gobierno del pueblo funcione, porque una democracia directa, que lleve al voto cada norma o cada ley, es un imposible físico. Pero esa democracia está en crisis porque la representatividad, tal como era concebida, ha cambiado completamente su significado y, con él, ha profundizado la crisis de los partidos políticos, entidades representativas por definición.

La interactuación humana está en plena revolución como consecuencia de la universalización de la interconectividad cibernética. Antes, los partidos y sus ideologías intermediaban entre el ciudadano y el resto del mundo. La ideología explicaba la realidad y los líderes elegidos o sus autores la representaban. Los elementos comunes de interpretación de la realidad se escribían en libros, siempre leídos por pocos, o por ideas-fuerza que los líderes, en mítines o en los medios de comunicación, irradiaban verticalmente a porciones de la sociedad. Y aunque ese sigue siendo un común denominador vigente, que permite a grosso modo seguir hablando de derechas e izquierdas, hoy, con la horizontalización del acceso a la realidad, los partidos ven completamente minados sus conceptos básicos estructurales e ideológicos, sometidos y sometida a cuestión la verticalidad de su función.

Las verdades universales que a través de una ideología interpretan la realidad están en entredicho. Dado el hecho de que todos podemos acceder directamente a cualquier fuente de información, el que venga alguien, por más encumbrado que sea, a darnos su interpretación no supone necesariamente una identificación incondicional sino, más bien, un nuevo cuestionamiento crítico.

Así, el ciudadano se vuelve más individuo y deja de ser colectivo. Y si nos atenemos a las predicciones que hacen los especialistas, el ser humano del futuro terminará haciendo todo lo que hoy hace a través de una computadora o de un smart-phone, sin salir de su casa.

De manera que reunirse físicamente para discutir largas horas en asambleas para adoptar criterios por votación, en las que quienes son menos tienen que acatar lo que dicen quienes son más (que es la metodología que usan aun los partidos políticos), ya no sirve para que un partido salga de su crisis, menos aún para reclutar nuevos adherentes, y mucho menos aún para concretar planteamientos certeros de acción política o social. Una propuesta twiteada o soltada en un blog, o en cualquier otra red, puede tener mayor penetración y legitimidad social, aunque fuera solo la suma de individualidades y la claudicación de las colectividades.

Toca por tanto a dichas organizaciones empezar a adaptarse a estas nuevas realidades, que están aún en formación, y permeabilizarse lo suficiente para resguardar su esencia, que es la acción colectiva sobre la base de puntos de vista más o menos generalizados.

De no incorporar estas nuevas realidades a su concepción básica y a sus mecanismos estructurales, se profundizarán sus distancias ante la sociedad y las desconfianzas de los ciudadanos para con la política. Y, entonces, se pondrá en peligro el mecanismo representativo de la democracia, haciéndola tambalear. Ahora es cuando.