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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

En una economía mundial deprimida, ese entusiasmo claramente nos está diferenciando. Incluso, es un activo fundamental que tenemos que sostener para mantener un crecimiento alto.

Sin embargo, en el Gobierno parece existir complacencia con respecto al crecimiento. Se han fijado una meta relativamente baja del 5% –la mitad de la velocidad que teníamos hace menos de un año–, pero ese nivel aún está en duda si no dejan la pasividad de lado y se vuelven más activos en asegurarlo.

En realidad, es poco lo que se tiene que hacer para lograrlo. La inversión pública tiene que ser destrabada, por lo que bastaría con repetir lo hecho hace tres años y que dio magníficos resultados. Mientras que el sector privado requiere no solo de señales que le den confianza, sino también de proyectos para poder canalizar su entusiasmo. Desafortunadamente, Proinversión tiene un programa poco atractivo y está descabezada. Hay que apoyarla, pero exigirle resultados.

Por otro lado, a raíz del viaje del mandatario se vuelven a resaltar las diferencias actuales entre la economía peruana y las de los países desarrollados. Así, tenemos que frente a la quiebra de diversos estados y a la recesión generalizada europea, en nuestro caso contamos con un Fisco balanceado, con un consumidor entusiasmado y con un empresariado buscando ganar mercado.

Por ello, el objetivo mínimo del Gobierno debería ser el repetir los resultados logrados. Hay un riesgo en ser excesivamente cauteloso ya que la falta de ambición a lo largo del año lleva, invariablemente, a terminar peor que lo esperado. Lo más perjudicial sería que un crecimiento bajo haga desaparecer justamente las fortalezas que nos están diferenciando.