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Santiago Pedraglio,Opina.21spedraglio@peru21.com

Este crecimiento no hace sino repetir el positivo patrón de aumento de la producción de los últimos 10 años, a lo que hay que agregar el engrosamiento de una clase media urbana –con diferentes grados de solidez– que se reproduce en Lima y en otras ciudades del país.

Sin embargo, este crecimiento, así como la mayor cantidad de recursos que el Gobierno captura vía los impuestos, no se refleja en un Estado más eficiente. Los porcentajes no gastados de los presupuestos de inversión siguen siendo un ejemplo dramático. En los tres niveles de gobierno –central, regionales y locales–, los déficits de gasto son evidentes; incluso el gasto social previsto está por debajo de lo presupuestado, también en los tres niveles. La macroeconomía funciona, pero el Estado no. No solo porque no gasta todo lo que tiene previsto, sino porque no regula ni fiscaliza ni garantiza derechos.

Una de las causas de esta situación es cierto tipo de individualismo que viene reinando desde hace un tiempo, mediáticamente muy exitoso. Un individualismo antiinstitucional y –aunque parezca extraño– con escasos derechos, presentado bajo el membrete de "emprendedurismo".

El 2012 ratifica que en el Perú aún estamos en un momento en el que puede existir librecambismo, pero no una verdadera sociedad liberal. Todavía no es posible, por ejemplo, imaginar una reforma clave, la de la administración pública, que exige decisión y recursos; ni avizorar la creación de nuevos y verdaderos partidos políticos, que tanta falta hacen. Para lograr que el crecimiento económico sea sostenible, habrá que avanzar en la creación de una cultura institucional asociativa, cívica y con vocación pública. Ojalá en 2013 haya avances en este sentido.