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Carmen González,Opina.21c.gonzalez@ceprovi.org

También tenemos todos una energía psíquica, origen de cualquier actividad que efectuamos. Freud la llama 'pulsión'.

Usted y yo tenemos dos tipos de energía: la que tiende a la unión, como el amor, y que se llama Eros, y la de pulsión de muerte, que tiende a la destrucción, como el odio, y que es el Tánatos. Dos caras de la misma moneda de las que es imposible escapar.

El hombre no se autocontrola por el hecho de ser humano. Son la cultura y la sociedad las que nos enseñan a controlarnos. Es en el hogar donde el 'cachorro' humano se incorpora a la cultura y se convierte en persona; allí renuncia a sus impulsos de hacer lo que le venga en gana.

En nuestra patria es al revés. En el hogar se aprende la impulsividad. Los padres no toleran la tensión interna que sienten cuando el hijo no hace lo que ellos desean, y rápido. En vez de pensar y usar el lenguaje, los insultan, les pegan, los patean.

La sociedad también nos violenta: la inseguridad en las calles y la que cada día inconscientemente nos envilece: vivir o convivir con la pobreza inhumana, presentándola como algo natural. No se explica que esta ha sido construida socialmente y que hay que enmendar esto… y pronto.