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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Todo habrá cambiado y ya no habrá respuestas que satisfagan y nos devuelvan al estado anterior al hecho.

Acciones y reacciones de los seres humanos, cuyo telón de fondo, más allá de cualquier decorado circunstancial, está ligada a la lucha por la supervivencia, conduce a enfrentamientos y estos, a veces, a la muerte. Lo hicieron nuestros ancestros por los pastos, las aguadas, la caza y más adelante por un territorio o por dirimir quién tenía un dios más fuerte. Llegamos a matarnos, incluso, por la interpretación de algún párrafo en un libro supuestamente surgido de la divinidad. Algunos dioses intolerantes, nos empujaron a matar y morir. A Zeus, Jehová o Alá los posee un mal humor necrófilo.

Rogaba que las soluciones de García a los conflictos sociales no se repitieran. Percibo, sin embargo, que sí se repiten y que más allá del peligroso malhumor de quien manda, la presencia de intereses en pugna puede desarrollar, cuando no hay miras más altas, un incontrolable grado de irracionalidad. Toda situación en la que la emoción derrota a la razón se vuelve incontrolable porque las partes terminan no aceptándose como sujetos para un diálogo válido. La presencia de un mediador objetivo y creíble para ambas partes parece hoy imprescindible y solo queda preguntarse qué sector de la Iglesia Católica conducirá esta mediación.