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Carmen González,Opina.21c.gonzalez@ceprovi.org

Lo que fue aceptable ayer puede no serlo hoy. El sumiso de hoy podrá ser el violento de mañana. Ocurre en los matrimonios, entre una compañía y sus trabajadores o en Conga (entre empresarios y cajamarquinos). La función del Estado: arbitrar con justicia y sensibilidad. Cuando una de las partes se siente descontenta o frustrada, esto se manifiesta como ansiedad, impotencia o rabia, desencadenándose el conflicto. No son la ansiedad o la rabia las causas del conflicto sino su consecuencia. Al conflicto no se le silencia, se le enfrenta escuchando y mirando no solo la dinámica visible, sino, también, fundamentalmente, el inconsciente –donde están los antiguos resentimientos y las desconfianzas–. No resolverlos en su momento es dejar bombas de tiempo. Si un conflicto es bien resuelto, habrá un nuevo y superior equilibrio. Nada será como antes y se seguirá el impulso sano hacia la justicia y la humanidad; se buscará el bien común. Habrá un 'eros' creativo, generándose una nueva filosofía. Impide este desarrollo el narcisismo malsano, que no reconoce las necesidades del "otro" y que no acepta que nada es eterno.