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Fritz Du Bois,La opinión del directorAl margen de lo anecdótico de ver a un congresista apretando el botón de votación de una colega desprevenida, el Gobierno, al pedir facultades delegadas, ha asumido la gran responsabilidad de reformar tanto a la Policía como a las Fuerzas Armadas, lo cual no es usual, ya que muchos gobiernos se le han corrido a un tema tan espinoso como fundamental.

Incluso el desarrollo de las últimas décadas ha llevado a cambios dramáticos en la estructura de muchos institutos armados. Pero, en nuestro caso, no es mucho lo que ha cambiado. Todavía tenemos demasiada tropa y poca tecnología, mientras que el presupuesto de Defensa sigue copado por la planilla.

Más aún, arrastramos rezagos de la tradición golpista de un pasado no muy lejano. Por ejemplo, la división blindada no está en las fronteras sino que está mirando Palacio. Así que el tener Fuerzas Armadas pequeñas y modernas, con rápida capacidad de respuesta ante la eventualidad de ser atacados, tiene que ser el objetivo hacia el cual deberían apuntar las reformas que el Gobierno estaría planteando.

Por otro lado, está el principal problema que sufrimos los peruanos, que es la inseguridad ciudadana y que requiere de una reestructuración a fondo de la fuerza policial que parte, necesariamente, de renovar su personal.

Por ello, del hecho innegable de que en el Perú nos sobran soldados que no están muy preparados, mientras que en las ciudades nos faltan policías patrullando, debería salir una solución a la seguridad –tanto interna como externa–, la cual debe de ser tratada de manera integral.

Al final, lo que queremos los ciudadanos es tener militares y policías que estén altamente capacitados y adecuadamente equipados, así como correctamente motivados por estar bien remunerados. De esa manera podrán cumplir eficientemente su trabajo. Lo que es inaceptable es pagar con nuestros impuestos a 200 mil hombres en armas y, sin embargo, vivir asediados.