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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

La trampa está en que el BCE les cobra a los bancos intereses muy bajos, y estos les cobran a los estados intereses desmesurados. Ganan en la intermediación y se enriquecen perjudicando las arcas del Estado que, en su estado de anemia, hace pagar a los ciudadanos comunes esta jugarreta financiera. En resumen: negocio brillante para los bancos, angustia para el pueblo. Así es la crisis. No debemos olvidar además que estos bancos –que son cada día más ricos– recibieron cantidades increíbles de dinero como salvataje que, teóricamente, deberían beneficiar a la comunidad en su conjunto.

Este sistema perverso obliga a los estados a financiarse acudiendo a los mercados financieros. De ahora en adelante, y mientras dure el estado de idiotez en el que han caído o hasta que haya una revuelta popular de proporciones, los estados serán cautivos del poder financiero y su orientación la fijarán tecnócratas designados por el poder económico. Basta ver la lista de agentes de Goldman Sachs en los gobiernos de Grecia e Italia para saber de qué hablamos. La necesidad de financiación de los estados es consecuencia de sus déficits presupuestarios. En ese sentido, los déficits actuales, en Europa, no son producto de un aumento del gasto público, sino consecuencia de la disminución de la recaudación debida a la reducción de impuestos a los más ricos.