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Patricia, de 25 años, e Israel, de 30 años, se conocieron en el trabajo. Ambos laboraban en una empresa editorial. Eran muy amigos. Salían al cine, al teatro, comían pollo a la brasa. Luego de unos meses de haber iniciado su amistad, empezaron una relación sentimental. Ambos estaban perdidamente enamorados.

Pronto, Israel llevó a Patricia a su casa. La presentó a su familia. Todo marchaba bien. Patricia pensó que, tal vez, él era el hombre ideal con el que siempre había soñado. Él también se sentía cada día más ilusionado con su nueva relación. Después de tres meses de enamorados, ella empezó sus clases de maestría en una universidad.

Al principio, Israel la iba a recoger pero, luego de unas semanas, Patricia se demoraba al salir de clases y él siempre la veía con algún compañero. Entonces, empezó a sentir celos. Creía que ella lo engañaba con más de uno.

De un momento a otro, empezó a cuestionar las salidas de Patricia.

Le hacía problemas. Discutían cada vez que ella se reunía con sus amigos sin él. Incluso, en dos oportunidades, Israel la siguió para saber qué era lo que hacía. Ella dejaba pasar por alto incómodas situaciones debido al profundo amor que sentía por él. Sin embargo, en tres meses todo se salió de control: Israel llamaba hasta de madrugada a la casa de su enamorada, para saber si dormía ahí, y le hacía visitas 'sorpresa' en sus clases.

En el trabajo se peleaba con aquellos que se le acercaban demasiado y le revisaba su celular sin que ella se diera cuenta. Harta de esa situación, Patricia decidió ponerle fin a la tormentosa relación. Él se negó rotundamente a terminar. Trató de chantajearla sentimentalmente al decirle que se mataría si ella lo dejaba. A Patricia no le importó. Todo acabó e, incluso, ella tuvo que cambiar de trabajo porque estar cerca de él era un infierno.

Al respecto, la psicóloga Rosa Mena recomienda que ambos pongan las cosas claras desde un inicio para evitar malos entendidos. "No dejes que te manipulen. Si ves que las cosas están saliéndose de control o él o ella se ponen agresivos, es mejor cortar por lo sano", aconseja.

DATOS

- Si descubres que revisa tu celular, lee tu correo electrónico o tu Facebook, déjale claro que cada uno tiene derecho a su privacidad.

- Si se pone agresiv@ e intenta golpearte o presionarte psicológicamente, busca ayuda profesional de inmediato.