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Santiago Pedraglio,Opina.21spedraglio@peru21.com

¿Habría sido posible esto si el alcalde Mollohuanca hubiese continuado preso en Ica y si persistía en una posición intransigente? ¿Si la empresa Xstrata no publicaba su comunicado manifestando su voluntad de efectuar una evaluación del impacto ambiental y discutir las formas de administrar los fondos derivados de su aporte? ¿Si el Gobierno no aceptaba que cuatro de sus ministros viajaran a Espinar –y no se quedasen en Lima o en el Cusco– para asumir directamente la negociación y dialogar con el poco antes "enemigo público"?

El dato es, pues, que las tres partes han debido ceder para restablecer un mínimo de confianza que les permita iniciar el diálogo. No es seguro que el proceso concluya positivamente; sin embargo, los cambios de actitud abren un espacio esperanzador. En la última encuesta de Ipsos Apoyo ( El Comercio 17-6-2012), todos los actores involucrados en Espinar salían jalados: el Gobierno Central y el alcalde tenían 65% de desaprobación; el presidente regional, 58%; la empresa minera, 57%, y el líder de Tierra y Libertad, 53%. Queda claro que los peruanos no piensan, como quisieran algunos, que por un lado están los "buenos" y, por el otro, los "malos".

El caso de Cajamarca es más complicado, aunque hay una posibilidad de encuentro entre el presidente regional y las autoridades del Gobierno Central. Es evidente que Santos oscila, que sufre la presión de un sector intransigente y que es un interlocutor inconsistente; empero, el presidente Humala vuelve cometer el error de adelantarse a una eventual conversación, al afirmar que la empresa habría aceptado la propuesta del Gobierno. Hace mal en olvidar que el papel del Gobierno es, en estos casos, fundamental como ordenador del juego, y que una negociación también está hecha de gestos adecuados y oportunos.