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Carlos Carlín,Habla.BabasGracias a la TV creí que mi fin había llegado, por lo menos mi fin televisivo. ¿Cómo podría presentar el chongo de la semana con la mitad de la cara tiesa? Era el fin. Desesperación, caos, más estrés y, por supuesto, la mitad de mi cara más tiesa. Suena mi teléfono. Es César Pereira, productor periodístico de mi programa. Me dice que la solución está en Junín. Sabe de una laguna donde viven unas curativas ranas de 50 centímetros. Si, previo permiso de los apus, me sobaba por 15 minutos una de esas ranas gigantescas por el lado tieso de mi cara, esta volvería a la vida. Más desesperación, más estrés, mi cara más tiesa y ¡maldición¡ Ahora, además, ¡se me cayó un ojo! La calma no vino de un batracio sino de un médico que, luego de pepearme y pincharme con acupuntura, me dijo: "Vive más y trabaja menos". Ahora que le hice caso acabó la desesperación y mi cara está retomando su ubicación. Conclusión: no hay TV que valga una hemiplejia y nunca se froten una rana sin antes conocerla.