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Gianfranco Castagnola,Al.MercadoEn la competencia por el premio a la mayor barbaridad legislativa del actual Congreso iban como favoritos el proyecto de ley de comida chatarra y el de prohibición total de consumo de alcohol para conductores de vehículos. Pero esta semana apareció un contendor de peso, auspiciado por el mercantilismo. Un proyecto que pretende que todos los medicamentos importados sean sometidos a un control de calidad en el país. Actualmente, se exige una certificación de origen que debe cumplir con el requisito de "alta vigilancia sanitaria". El costo de ese absurdo control (que no resuelve la falsificación local) lo pagarán los consumidores, sea a través de mayores precios, sea a través de desabastecimiento. El Colegio de Médicos, exfuncionarios de la Digemid y expertos se oponen (a propósito, ¿dónde están los defensores de los consumidores?). Cuando una práctica que funciona bien pretende ser cambiada en perjuicio de muchos, cabe preguntarse, ¿quién gana? ¿Quién está detrás de este proyecto?