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Mauricio Mulder,Pido la palabraEl receso político veraniego va llegando a su fin. Siempre en nuestro país, a medida que la temperatura asciende, se enfría la política y viceversa. Hasta hoy, el Gobierno ha gozado de expectantes niveles de aceptación propios del hecho de estar comenzando y del inicio de un verano relativamente feliz, vale decir, con alegres índices de gasto y consumo de la población y ausencia positiva del presidente y de los ministros del escenario mediático cotidiano.

Pero, como dice Héctor Lavoe, todo tiene su final.

Primero, la política del silencio ya le está pasando la factura al Gobierno, de acuerdo con las encuestas. A Luis Castañeda le fue bien mientras había obra tangible que exhibir. Escaleras, Metropolitano y hospitales hablaban por él. En cambio, Humala no tiene nada tangible que exhibir, y los 'tuits' de Nadine no llenan el vacío. Si el ambiente político estuviera tranquilo, podría todavía aceptarse, pero, luego del abuso evidente del tratamiento a su hermano, después de los tres muertos en Puerto Maldonado y del vil asesinato de un policía en Lima, no hay silencio que valga.

Segundo, si decides que la locuacidad no es tu fuerte y optas por no decir nada, por lo menos muestra organización, disciplina, conducción, mano firme. Pero resulta que mientras, aparentemente, Humala logra tener un gabinete cuyos ministros no se confrontan con el anterior, el resto de sus huestes son un aquelarre. Su bancada es un archipiélago de intereses individuales, la mayoría rayando con la ilegalidad. Decenas de congresistas acusados de diversos ilícitos, cargando cruces judiciales o policiales o buscando medrar a río revuelto, no son precisamente lo mejor para demostrar cohesión y mano firme. Y sus voceros oficiosos, dirigentes intermedios, autoridades regionales, cronistas periodísticos, dirigentes sindicales etc., siendo la mayoría comunistas convictos y confesos, han decidido cuadrarlo y arrinconarlo para que se defina: si no sueltas a la derecha, tendrás guerra. Ahora o nunca.

Tercero, cero contacto con la oposición. Cierto es que esta tampoco tiene articulación y es un archipiélago atomizado y timorato. Pero ello, que desde el punto de vista del oficialismo es una ventaja, se desaprovecha como tal y se renuncia al diálogo democrático que, a la larga, tiene la ventaja de generar confianza mutua y evitar la conflictividad. La ausencia de este contacto es lo que está llevando a las interpelaciones al ministro del Interior, por la soberbia con la que se ha llevado a cabo el programa de policía voluntaria, y a la ministra de Educación, incapaz de formular una autocrítica en relación con el incendio de su almacén central.

Cuarto. Confiar en que el actual jolgorio económico no se va a ver afectado por la falta de efectividad en resolver el calentamiento callejero es un tiro al aire. Bien sabemos que no hay nada más cobarde que el capital, y ya estamos viendo que, tal como van las cosas, no habrá posibilidad de que Conga vaya, y eso puede significar un punto de no retorno a su actual amistad con la burguesía nacional, la que tampoco es muy valiente que digamos.

Los "idus de marzo" de los que hablaban los romanos, aludiendo a las ventiscas que supuestamente traían inquietud, están empezando a pasar factura.