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Por: Guido Lombardi, Opina.21glombardi@peru21.com

El dicho no pretende parafrasear a Marx ni corresponde a la rígida concepción marxista de la lucha de clases. Se encuentra en Armas, gérmenes y acero, el clásico libro de J. Diamond sobre la civilización. Lo que hoy sucede en Cajamarca tiene, obviamente, que ver con ese conflicto milenario, agravado por algunos elementos de nuestra propia cosecha.

Para comenzar, la regionalización diseñada por el toledismo, que mantuvo la histórica estructura departamental, ahora con el nombre de "región" y a cargo de un "presidente". El resultado, previsible y señalado en su momento, fue el surgimiento de verdaderos feudos en los que –en la mayoría de los casos– el poder surge de la riqueza mal habida y del clientelismo descarado.

Pero tanto a nivel regional como nacional, con excepciones, quienes aspiran a alguna cuota de poder parecen tener como único objetivo tomar el Estado como botín. Ha sido el caso del 'embrujado' Chehade, de los 'comeoro' y 'robacable' de las últimas semanas.

Lo que resulta inédito es que ese nivel de corrupción rampante esté tan próximo, por lo menos físicamente, a la Presidencia de la República. Que el jefe del cuerpo de seguridad del jefe de Estado haya tenido que ser destituido por "el robo sistemático de combustible en los vehículos asignados a resguardar al mandatario y su familia" es un hecho que –para usar el adjetivo de moda– debería indignarnos y, en primerísimo lugar, al propio presidente Humala. Porque, señor presidente, simbolizan el descaro y la impunidad con los que se dispone de los dineros públicos para beneficio personal: en su casa y en casi todas las dependencias públicas del país, ¿o no?

Mientras eso no se enmiende, será difícil recuperar la confianza de los peruanos.