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Carlos Carlín,Habla.Babasccarlin@peru21.com

Calladita dejó Natalia Málaga a la mancha hipócrita que la criticaba por decir lisuras mientras guapea a sus jugadoras. Hipocresía que dice presente cuando se critica a otro peruano exitoso. Mancha doble cara que olvida los ajos, cebollas y demás especias que vocifera en privado. Así se siente Natalia cuando está en la cancha, en la privacidad de su espacio y trabajando sin pensar que hay un micrófono entrometido, sin tener en cuenta que existe gentuza que solo ve el partido desde su cama esperando que Natalia carajee para criticar. Eso somos. Eso es Lima. Una mancha cacareadora que no hace ni deja hacer. Que si dijo por qué dijo y que si no dijo por qué no dijo. Y si dijo, ¿por qué lo dijo con lisuras? Hablamos porque tenemos boca. Hablamos babas. ¿Envidia? Seguro también hay de eso. Envidia, le tienen envidia, porque la entrenadora está completando una carrera brillante sin autorreventarse cohetes ni calentando una curul. Si esa mancha doble cara entendiera ruso, portugués o chino, tendría que criticar también a esos entrenadores. ¿Cuándo se ha visto a un entrenador hablando con propiedad de lingüista? ¿Debería ser Martha Hildebrandt la entrenadora de la selección de vóley? No creo. Rásquense la pica pica nomás y viva Natalia, ¡carajo!