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Carmen González,Opina.21c.gonzalez@ceprovi.org

¿Cuál será el origen de tantos amores frustrados, desdichados, prohibidos, imposibles, desengaños, traiciones, desamores y fracasos? Sabemos que la relación primordial madre-hijo se fija como un germen en la vida del infante. Después, se repetirá ese primer amor (transferencia) tratando de reencontrar –en un afán imposible– no solo lo que se deseó y se logró de la madre, sino lo que se deseó y no se obtuvo.

Aceptar que ella nos dio solo lo que pudo –abundancia o miseria; si deseábamos más ¡qué pena!–, permitirá vivir el duelo de "lo que pudo ser y no fue"*. Allí recién el sujeto se colocará en situación de ser autónomo y listo en su capacidad para amar. De lo contrario, cada pareja representará los estragos que dejó la infancia.

Aquello de que el otro "me tiene que completar y tiene que ser todo para mí"* pertenece a lo imaginario, no a lo real. Su origen: el deseo del niño de que la madre sea todo para él. Pero eso se busca en la pareja inconscientemente, cuando el amor real hay que inventarlo y construirlo, caso por caso, con esfuerzo y tolerancia y sin tanto modelo. Prerrequisito: la madurez emocional. *Sodely Páez.