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Carlos Carlín,Habla.BabasNo sé cuándo empezó mi rechazo a los arroces solitarios. De niño pensaba que me daban asco porque me recordaban a las pupas de mosca, pero nunca he visto una. Por tanto, esa hipótesis es inconsistente. Desde entonces he buscado una explicación y no he encontrado respuesta. Puedo devorar un arroz con mariscos, pero no se me ocurriría ponerme frente a frente a un plato de aguadito. También cuestiono la presentación del arroz con pollo. Protesto por la forma en la que avientan una presa de pollo sobre la montaña de verdes arroces. ¿Qué consiguen? Que varios arroces rebeldes busquen camuflarse entre cartílagos y pellejos. Haga la prueba. Levante la presa y siempre encontrará un arroz pegado. ¿Por qué está ahí? Solo para molestar. No rechazo el arroz, rechazo el arroz solo, separado de su familia. Igual preferiría que me metan un balazo entre los ojos antes de pisar descalzo una porción de arroz. Mi fobia es inútil como un arroz y ya me cansé de buscarle explicación. Solo sé que está ahí para molestar.