notitle
notitle

Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Visto desde una perspectiva no obsesionada por la coyuntura resulta estúpido e inútil, en el largo plazo, discutir sobre todo aquello que no tenga en cuenta el irreversible calentamiento global que ya nos castiga. La aplicación de cualquier plan de desarrollo, sea cual fuere su orientación, se irá a la basura si la naturaleza decide otra cosa. El cambio climático debe figurar, ineludiblemente, entre las principales prioridades políticas, científicas, económicas y morales de este siglo. Toda estabilidad y toda seguridad (¡escuchen gringos!) está supeditada a lo que ocurra con el clima. Y del clima, en una proporción nada desdeñable, depende la actividad humana. Hace años que los países en desarrollo, que constituyen el 83% de la humanidad, solicitan con éxito cercano al cero, apoyo tecnológico para reducir las emisiones contaminantes. En suma, puede inferirse que los intereses económicos, y eventualmente políticos, siguen pesando más en la consideración de nuestros hombres de estado que la amenaza que se cierne sobre la supervivencia de la vida tal como la conocemos hoy.

Todo este disparate suicida me recuerda aquella frase del filósofo y escritor Martin Buber que afirmaba que esta etapa de inmenso desarrollo tecnológico y vanidades de pavo real, no es otra cosa que "la infancia del género humano".