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¿Por qué acá no estallan (aún) los penales?

Las escenas de horror con cientos de presos achicharrados en sus celdas que hemos visto en penales chilenos, brasileños, hondureños y mexicanos, por fortuna, no se ven últimamente por estos lares.

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Redacción PERÚ21
Redacción PERÚ21

Carlos Basombrío,Opina.21cbasombrio@peru21.com

Descartemos lo obvio. Ello no es porque el Estado se ocupe del problema con recursos adecuados. Todo lo contrario. La política criminal se reduce aquí a amontonar más gente en las cárceles y por más tiempo. Ello da cuenta de la ceguera que impide tener una política de seguridad seria. Pero, si ya es esa la opción, al menos habría que tener dónde encerrarlos.

Pequeño detalle que han olvidado. Los datos son escalofriantes. En el año 2010 teníamos 45,464 presos, y en febrero del 2012 subieron a 53,971, con una sobrepoblación penitenciaria de más del 90%.

Al ritmo actual, solo para mantener el statu quo, habría que construir cada mes un penal para 1,000 personas.

Además, los penales, en su gran mayoría, están en mal estado y el Congreso ha asignado la ridícula cifra presupuestal de 80,000 soles para el mantenimiento durante el año 2012. (¿Cuánto cuestan al año los 'gestores' de Daniel Abugattás?)

¿Por qué no hay (todavía) una hecatombe? Ensayo una explicación. En estos 12 últimos años hemos tenido buenos presidentes del INPE. Al actual, Pérez Guadalupe, hay que sumarle Carrión, Costa, Mavila, Pedraza, Caparrós, Rodríguez y Hernández. Todas personas competentes que lograron, al menos, paliar en algo el problema ante la indiferencia general del resto del Estado y la sociedad. También influye la cantidad de voluntarios que trabajan sacrificadamente dentro de los penales. El recordado sacerdote Hubert Lanssiers y, hoy, la extraordinaria Pilar Coll resumen bien lo que tantos otros hacen.

Pero, ahora, el crecimiento exponencial de los presos en las cárceles y la precariedad de los recursos para su mantenimiento quizás hagan sus esfuerzos insuficientes y venga una tragedia de proporciones.

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