notitle
notitle

Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Y los otros órganos también. Siempre hacen lo mismo y su única posibilidad, partiendo de que estén sanos, es empeorar su funcionamiento. El cerebro no, el cerebro es otra cosa. El cerebro es un señor curioso y activo que puede mantenerse joven cuando todos sus compadres del organismo ya están tirando la esponja. Además, cuánto más trabaja mejor se mantiene. Excédase con el estómago o el hígado y verá las represalias que toman contra usted. El cerebro no, el cerebro tiene pasión por el trabajo y su única exigencia es que le permitan hacerlo con sus propios tiempos. Eso que en un proceso creativo llamamos bloqueo es el momento previo a la respuesta esperada. Ignoramos que la misma está siendo elaborada en una región a la que no tenemos acceso directo pero que labora las 24 horas del día. Al resultado de esa tarea silenciosa de millones de neuronas, que transcurre por debajo del nivel de nuestra conciencia, solemos llamarle inspiración o iluminación.

Como si ese esfuerzo fuera poco, este "telar encantado" llamado cerebro cambia con cada nuevo dato que introducimos en él. Al terminar de leer esta columna su cerebro se habrá modificado. Su naturaleza es estar transformándose a sí mismo durante toda su existencia. Por tanto es rutinario en sus procesos, pero asoma, luego de cada desafío, con una estructura renovada. Los niños, con menos información almacenada, poseen un proceso de reestructuración más veloz y por tanto aprenden con mayor facilidad. Todo indica que la solidaridad es nuestro destino, pues cuánto más compartes la información que recibes, más información te llega.