Foto: Mario Zapata
Foto: Mario Zapata

Patricia Kadenapkadena@peru21.com

Javier Velásquez Quesquén afirma que la renuncia de Lerner genera desconcierto porque la salida de un primer ministro es un cambio brusco.

Salomón Lerner renunció irrevocablemente al premierato, ¿qué lectura le da a esta situación?Esta crisis es sorpresiva y muy prematura. No le hace bien al país. El nuevo premier tiene que ser un hombre de confianza del presidente Humala, que a su vez le dé confianza a todos los sectores económicos y sociales del país. Ojalá que se mantenga al ministro de Economía y Finanzas.

¿Es grave que salga el premier a cuatro meses de haberse inaugurado el gobierno?Es muy grave por el desconcierto que genera. El cambio del premier es un cambio brusco para algo, para modificar la línea general del Gobierno. Lerner era la encarnación de la hoja de ruta y la especulación es que Humala vuelva al plan primigenio, que sería gravísimo, o que el presidente haya sido absorbido por la ultraderecha.

¿El Gobierno manejó bien el problema de Conga? Lo de la emergencia fue oportuno, pero me parece que ha habido un exceso de sectarismo por parte del Gobierno porque han desmantelado las oficinas de prevención de conflictos que dejamos en todos los ministerios, especialmente en la PCM. Y lo de Cajamarca demuestra la absoluta improvisación de la estrategia frente a ese conflicto.

El gobierno anterior tiene parte de responsabilidad en el tema de los conflictos.No, los conflictos no nacen con nosotros. Los conflictos se han dado históricamente en el país…

Pero no supieron manejarlo. Hubo el 'Baguazo' que…Como hubo el 'Arequipazo' en la época del señor Toledo. Lo que hay que hacer es aprender de esas experiencias para que no vuelvan a suceder.

¿El Apra ha hecho un mea culpa sobre el manejo de los conflictos sociales?Cada uno de los primeros ministros hemos tenido estilos de trabajo, pero no es verdad que no hemos sido dialogantes, sí hemos sido dialogantes. Nosotros hemos resuelto el tema del gas de Quillabamba, hemos ido a la Oroya, con todos hemos agotado el diálogo. Lo que no podemos es aceptar que aquellos que no fueron elegidos para conducir los destinos del país terminen imponiendo sus puntos de vista y sus agendas.

¿Le parece sospechosa la coincidencia de que el hermano de la vicepresidenta Marisol Espinoza haya entrado a trabajar a Tumán pocos días después de aprobación de la llamada 'Ley Oviedo', que usted también apoyó?Se menciona que yo promoví la protección patrimonial, pero eso viene desde el gobierno de Fujimori. Se me señala, pero el apoyo fue de todos los parlamentarios lambayecanos porque conocemos la problemática de la industria azucarera. Pero, además, creo que la protección patrimonial no debe ir ni un día más después del 31 de diciembre. Y si alguna norma viene al Congreso, no la vamos a apoyar.

¿Y sobre Marisol Espinoza?Eso de verdad no me consta. Ella tendrá que explicarlo.

¿Fue un triunfo para el Apra el hecho de que Diez Canseco no presida la megacomisión?No es triunfo. Nosotros sentamos una posición de principio. El señor Diez Canseco fue incluido dentro del grupo de los siete miembros que iban a investigar al gobierno de Alan García, y nosotros no lo objetamos. Nosotros objetamos a Benítez porque él fue quien presentó la moción. Lo que sucedió es que cinco miembros estaban en contra de que Diez Canseco presida esta comisión y él se quiso imponer antirreglamentariamente.

El terremoto del sur no lo verá la megacomisión, pero ¿reconoce que fueron incapaces de atender ese problema?Creo que ahí nos dejamos soplar la pluma por el Congreso, porque se envió un proyecto de ley y en vez de crear una autoridad ejecutiva, que pueda resolver las urgencias que había en Pisco, se creó una gran asamblea, se creó el Forsur, un monstruo paralizante, burocrático y que tiene serios cuestionamientos en el manejo de los recursos. Me parece bien que se investigue el tema de Pisco, pero sin apasionamientos.

¿Cómo evalúa la gestión de Daniel Abugattás?Me parece una gestión muy aislada, se ha extralimitado en sus funciones al entender que, porque lo han elegido presidente, es dueño del Congreso. Si yo hubiera contratado a una militante de mi partido, a ella y a su familia, seguro que me hubieran censurado. Pero él ha impuesto esto y, con la complicidad y complacencia de su Mesa Directiva, actúa aplicando decisiones autocráticas.

En su gestión se denunció que usted hizo la más grande contratación de personal en el Congreso.No me lo pudieron demostrar porque no era verdad. Lo que sucede es que el presidente del Congreso tiene que disponer la contratación de personal para todas las comisiones que se conforman. El presidente no es otra cosa que un coordinador para manejar bien los recursos de esta institución, pero me parece que el señor Abugattás ha entendido mal ese encargo.

La derrota del Apra en las elecciones fue muy grande. Antes tenían 36 congresistas y ahora solo cuatro.Los mismos dirigentes somos los responsables, no podemos echarle la culpa ni a los militantes ni al Gobierno de lo que pasó. Si hoy el Apra tiene cuatro parlamentarios es por culpa de los dirigentes. Esa obsesión de unos y de otros por la postulación presidencial llevó a que no tuviéramos candidato. Esa factura tenemos que pagarla los que estamos en la conducción del partido.

¿Jorge del Castillo tuvo una gran responsabilidad ? Creo que hay muchas responsabilidades que el congreso del partido las tendrá que determinar. Yo quise ser precandidato, pero no tuve la confianza de la dirección nacional.

Esta situación demuestra que el Apra es un partido caudillista.No, el Apra no es el único partido caudillista.

Pero es caudillista.No, no no. El Apra tiene un líder indiscutible, que es Alan García. Podemos no entender que Alan García ha sido el único que ha podido, durante 80 años del Apra, llegar al gobierno dos veces.

¿Alan García debería postular en 2016?Sería excelente que postule. No he hablado con él, no sé si el querrá ser o no ser, pero creo que un hombre con su experiencia y lucidez podría llevar al Perú a un mejor destino en el bicentenario.

El Apra se despercudió de muchas cosas, pero no del tema de la corrupción.Esto no es un consuelo, pero el tema de la corrupción es un problema estructural, que debe ser enfrentado institucionalmente, no solamente por los partidos sino por toda la institucionalidad democrática, porque un acto de corrupción afecta al sistema democrático.

DATO

Velásquez dice que fue oportuno ponerle topes a los sueldos de los políticos, pero que se les fue la mano en el caso de los técnicos.