Troika Curich, una viajera del sabor. (Nancy Dueñas)
Troika Curich, una viajera del sabor. (Nancy Dueñas)

Troika Curich no necesita hablar para contarte su vida, basta con mirarla a los ojos para saber que ha vivido a placer, rodando entre Europa y Sudamérica, conociendo, mirando, sintiendo…, hasta que le llegó la hora de volver a Lima en el año 2000 y reabrió el Curich, ese rincón donde las cremoladas de fruta son solicitadas por sus clientes desde los años 80, siempre en la cuadra 7 de la calle Bolognesi, a unos pasos del malecón de Miraflores.

"El negocio comienza en Lima pero nace en Tumbes, en el año 1942, cuando mi padre llega al Perú desde Croacia. Aquí se hace heladero ambulante en Chosica y luego viaja al norte. Así, camino a Venezuela, conoce a mi madre en Piura y continúan viajando juntos. Sin embargo, antes de salir del país, mi mamá da a luz a mi primer hermano", cuenta Troika mientras recuerda el sonido del mar.

"Nos establecimos en Tumbes, somos nueve hermanos y teníamos un restaurante con heladería, hasta el año 82 que lo cerramos y mi hermano Tony trajo la marca a Lima y abrió Cremoladas El Curich en nuestro garaje de Miraflores. Incluso, en un momento fue un piano bar y se inauguró otro local en Barranco, pero luego ambos cerraron hasta que en el 2000 me animé a reabrir el negocio en su clásico local para cremoladas", sostiene.

Una rápida mirada nos pone al tanto de que al Curich los clientes llegan por las clásicas cremoladas de mango, coco, maracuyá, uva, fresa, lúcuma o tamarindo, pero también por probar las preparadas con aguaymanto, camu camu, mamey, entre otras frutas de la selva o sierra. El refresco del Cura, hecho de jugo de uva borgoña macerada, y la limonada con flores de azahar son otras opciones que no debe dejar de lado este verano. Para completar están los budines de fruta, la torta de zanahoria, el flan de manzana y piña, así como los cheesecake de arándano y guanábana.

Por: Martín Sánchez (msanchez@peru21.com)

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