Tuvieron que pasar 72 años para que Carlos Casassa cumpliera su sueño: tener una heladería. (Roberto Cáceres)
Tuvieron que pasar 72 años para que Carlos Casassa cumpliera su sueño: tener una heladería. (Roberto Cáceres)

Cuando entrevisté a Carlos Casassa, salí tarde de mi casa. Por eso olvidé apuntar la dirección completa de su heladería La Fiorentina. Solo me acordaba que debía llegar a la estación Ricardo Palma del Metropolitano. Al salir de dicha estación, apurado por el tiempo, atiné a preguntar sobre La Fiorentina a la primera persona que vi. "Claro. Acá en Surquillo es bien conocida", me respondió el extraño. Y es que la heladería de Casassa ubicada, en el Jirón Narciso de la Colina 580, en Surquillo, ya es un clásico de ese distrito.

EL SUEÑO QUE NO CUMPLIÓ DE GRANDECarlos Casassa tiene 78 años, pero su cuerpo parece ser solo un disfraz que esconde detrás un alma 30 años más joven. "Todas la mañana voy al Pentagonito y le doy unas vueltas", afirma. Cuando Casassa tenía 8 años, su madre compró una máquina de helados. "En esa época yo decía: 'El día que sea grande, voy a poner una heladería'", recuerda. Pero eso nunca pasó, al menos no exactamente.

Después de acabar la escuela, Carlos se fue a Puente Piedra a elaborar vino y pisco. Trabajó en ese rubro por más de 50 años. "Pero Lima creció mucho y se fue hasta Ancón, tuve que deshacerme del negocio porque si no me expropiaban", me cuenta.

Casassa tenía 72 años, ya no era 'grande' sino muy 'grande'. Igual eso no le importó. " Con mi esposa me metí a un curso sobre helados que dictó un maestro italiano en Lima, fueron cinco días intensos, las clases duraban todo el día", nos dice.

Decidió entonces poner su heladería La Fiorentina en el 2010. "Tuve la suerte de que Gastón Acurio pasara por aquí, salí en la televisión y eso me catapultó", señala. Yo tengo mis dudas, ya que si Gastón hubiera encontrado un mal producto, La Fiorentina no habría salido en la TV.

Vuelvo a mirar al Señor Casassa, flaquísimo, atento a lo le rodea y sobre todo con esa mirada de tranquilidad con la que cualquiera quisiera morir. Le preguntó si hay algún secreto para llegar a su edad con ese ánimo. "No, solo ten paciencia y trabaja con gusto y pasión en lo que hagas", me responde. Me invita uno de sus helados, yo lo pruebo – siguiendo su consejo – lo más lento posible.

Por: Iván Atilano (ivan.atilano@peru21.com)

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