Por : Mg. Álvaro Valdivia Pareja

¿Alguna vez dijiste, en tu etapa escolar o universitaria, algo así como: “de hecho me van a desaprobar en ese examen, estoy seguro/a de que lo rendí mal”, o quizá: “no creo que venga a la cita pactada, seguramente no le he gustado lo suficiente”, de repente: “seguramente me van a despedir, algo me dice que la jefa me dirá que ya no quiere que continué”.

Si alguna vez pensaste algo así, muy probablemente lo hiciste por la misma razón que muchas otras personas Lo hacen: traer un (posible, pero quizá no muy probable) escenario negativo y pesimista, como preparación ante la posibilidad de que las cosas salgan mal y nos duelan un poco menos. ¿Es esto apropiado? Muchas veces sí, pues implica recurrir a un criterio de realidad que puede ayudarnos a sobrellevar desenlaces desfavorables por medio de una estrategia defensiva que se apoya en el pesimismo.

En situaciones más graves (posibilidad de fallecimiento de seres queridos, ruptura de relaciones, etc.), esta estrategia puede ser especialmente adaptativa, pues nos induce a contemplar la realidad de manera sutil, pero real propiamente dicha. Sería mucho más complejo el intentar negar la posibilidad de un hecho doloroso, pues, ante su ocurrencia, las consecuencias emocionales podrían ser más difíciles de afrontar, especialmente si la estrategia más utilizada es la evitación crónica, o, más complejo aún, mediante la negación.

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De esta manera, el pesimismo defensivo nos brinda la oportunidad de preparar algunas estrategias psicológicas de afronte ante un escenario potencialmente desfavorable. Mi recomendación es no abusar de este pesimismo, sino, más bien, comprenderlo como una estrategia defensiva normal, que, al igual que muchas otras, puede ser utilizada de manera saludable, siempre y cuando, pueda combinarse, flexiblemente, con otras.

Sin embargo, es importante también que observes cuál es la naturaleza su uso. ¿Está realmente presente en circunstancias episódicas y combinado con otras estrategias de afrontamiento? ¿O, es quizá algo habitual que podría ameritar una explicación un poco más profunda y desarrollada? ¿Podría ser parte de un problema de salud mental un poco más complejo? Indudablemente, sí.

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En el caso de que el pesimismo aparezca ya no solo como defensa esporádica, sino como un sistema de evaluación y visión de la realidad (de forma más generalizada), te sugeriría que te preguntes de dónde viene, y, si fuese posible, cuándo se inició. La importancia de esto radica en el hecho de que el pesimismo es una característica psicológica que podría estar presente en algunos diagnósticos de salud mental, tales como: depresión, ansiedad, trastornos de la personalidad, trauma, etc. En estos casos, no estamos ya hablando de una estrategia de “preparación” ante algo potencialmente negativo, sino, en cambio, de un probable síntoma que, acompañado de otros, podría darnos información acerca de un problema más complejo que ameritaría una mirada más detallada y delicada. De ser este el caso, te sugeriría que evalúes la posibilidad de acceder a ayuda profesional para poder comprenderlo sin juzgarte, sino, más bien, ver qué es aquello que sucede y cómo podrías trabajarlo para sentirte mejor contigo mismo/a.

Finalmente, es importante aclarar que el pesimismo es algo normal que muchas personas sentimos, por ello, debemos evitar generalizarlo de forma irresponsable en algo más grande, o, invalidar o juzgar a quien lo siente.

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