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Dos estudios presentados en la señalan que dormir poco puede incrementar la actividad en áreas del que buscan el placer de comer 'chatarra'.

Los investigadores sugieren que el hambre y los hábitos alimenticios relacionados con el sueño son generados en parte por unas glándulas intestinales involucradas con el apetito.

En uno de los estudios, el de la , en EEUU, se pidió a 23 personas poner nota a varios platos de comida mientras eran examinados a través de una resonancia magnética funcional. De los participantes, unos habían estado despiertos durante 24 horas seguidas, y la otra habían descansado bien.

El grupo de los voluntarios que no habían dormido en un día mostró una amplia preferencia por la comida menos saludable en comparación con los otros.

La investigación de la también utilizó una resonancia magnética funcional, que registró el flujo sanguíneo en el cerebro, para comparar la actividad cerebral en 25 voluntarios después de una noche de sueño normal y de una noche en que se solo durmieron cuatro horas.

A los participantes se les mostraron imágenes de comidas saludables, frutas y vegetales, intercaladas con comida chatarra. Ocurrió que las redes cerebrales asociadas con el deseo tuvieron más actividad cuando los voluntarios no habían dormido que cuando habían descansado bien.