Un error común de muchos padres en proceso de divorcio es quejarse con sus hijos.
Un error común de muchos padres en proceso de divorcio es quejarse con sus hijos.

No se soportan más, dejaron de quererse, tienen diferencias irreconciliables. Estas y otras razones pueden motivar la disolución de un matrimonio. Para llegar a este desenlace, tienen que haber intentado resolver sus conflictos y haber agotado las opciones. Hay que luchar por la unión y la reconciliación.

Sin embargo, no siempre se puede evitar el . ¿Qué hacer? Lejos de ser un problema exclusivo de dos adultos es, en realidad, un golpe muy duro para los hijos. Es por ello que los padres tienen que priorizar la salud emocional de sus hijos más que los papeleos. En tal sentido, uno de los puntos más sensibles es cómo comunicar la noticia. Al respecto, se aconseja prepararlos poco a poco.

Asimismo, ambos padres deben estar muy alertas ante los cambios en el comportamiento. Es común que muchos niños empiecen a sacar malas notas, se tornen agresivos, se aíslen, en fin. En estos casos, el apoyo de profesionales en psicología es altamente recomendable.

Lo cierto es que no existe receta para evitar que los hijos sufran con la separación, pero sí se puede minimizar al máximo el impacto y apoyarlos en todo sentido. Ellos deben sentir que son queridos por sus padres, por más que ya no estén juntos como antes.