Hay que nunca olvidas, que quedan en ti como un tatuaje. Hay amores que se esfuman sin dejar huella, tan efímeros e intrascendentes que quizás fueron ilusión, o solo sexo. Hay amores que nacieron sentenciados al olvido. Y hay olvidos que nunca se alcanzan, y aprendes a vivir con el recuerdo, con la pesadilla, el tormento y la pena.

Olvidar a un amor de verdad puede ser un proceso tortuoso, prolongado y lleno de sufrimiento. Cuando me preguntan cómo olvidé al amor más importante de mi historia sentimental tengo algunas respuestas que no sé si serán ‘las técnicas’, pero sirvieron.

Yo olvidé a la mala. Olvidé pensando que esa persona no era la mejor del mundo, que el tiempo a su lado había sido una pérdida, que no me quiso tanto como yo, que entregué todo por nada, que de alguna u otra manera fui su víctima. Me inventé, claro, la peor historia de desamor, la más cruenta telenovela, el más desgarrador poema. Y para continuar en esta lucha me sostuve en amores fugaces, uno sobre otro, otro sobre otro, para borrar sus huellas en mi cuerpo y en su corazón. Así fue, como un día cualquiera, con el corazón remendado, empecé a desdibujar esa imagen negativa y reconstruir lo mejor que vivimos. A eso se le llama perdón. Con el corazón más sano, el amor verdadero aparecería otra vez. Pero más tarde tocaría olvidar, nuevamente. En esta lucha dramática por sacar a la persona que amaste, en ocasiones, te atrapa la depresión, sientes que no vales, y consideras la soledad como único y amargo refugio.

ME OLVIDÉ QUE TE HABÍA OLVIDADO

Isabel Vásquez, médico psiquiatra del servicio de Salud Mental del hospital Arzobispo Loayza, explica que “muchas personas tienen dificultades para olvidar porque lo relacionan con cierta sensación de pertenencia. Algo como ‘mientras no me olvide, me pertenece, se queda’ y hay esperanza de reanudar la relación”. La especialista advierte: “Una de las cosas importantes que tienes que saber es que la relación rota no se va a reconstruir”.

Es clásico que uno siga atesorando los regalos, mientras rebobina los momentos, los cuales jamás entrarán en una caja de cartón o en un adiós: “El hecho de conservar pruebas, de conservar cosas, recuerdos y verlos a cada rato puede avivar el recuerdo aunque uno no quiera”.

“Una de las cosas importantes que tienes que saber es que la relación rota no se va a reconstruir”.

En estos tiempos hiperconectados donde un like, una historia en Instagram o un emoticón te pueden sumir en la más absoluta tristeza, la psiquiatra recomienda dejar de tener contacto con esa persona y sus allegados en las redes sociales. Es tiempo de no ver, de no enterarse más, de no buscar, de no ver qué diablos hace. No tener noticias, no pedirlas y no aceptarlas es una buena estrategia.

¿No lograr olvidar te puede llevar a la depresión? La especialista responde con una afirmación que aquellos que lo hemos afrontado conocemos muy bien: “Si el proceso dura más de seis meses debemos verlo como algo muy serio. Además de la tristeza, el problema es que si la persona se complica para poder manejarse, pierde o tiene mucho apetito, y no puede concentrarse está desarrollando un problema de depresión. Es mejor que vaya con el psiquiatra.

El duelo, indica, puede pasar a depresión, y ya no solo es un tema emocional: “Necesita un tratamiento, tanto de psicoterapia como de fármacos y eso lo indica el médico psiquiatra”.

ELLA O ÉL

¿Hombres o mujeres afrontan igual el olvido? Para Isabel Vásquez, las mujeres tienen más “permiso social” para manifestarse tristes o angustiadas, mientras que los hombres muchas veces deben restringir sus emociones porque la sociedad de alguna manera lo ha impuesto así: “En el caso de las mujeres, ellas son más de compartir el problema con amigas; y en el caso de los varones, tienden a intentar salir más, olvidar de alguna manera con otra emoción y al final terminan peor. También pueden beber más, o recurrir a las drogas para aliviar la angustia”.

A mí me dijeron, una y varias veces, que un clavo saca otro clavo. Luego de varios clavos puedo decir que me funcionó, a veces sí y otras no. “En realidad un clavo hunde más a otro clavo porque la persona generalmente está ya muy dañada emocionalmente como para poder reconocer una relación valiosa y afectiva durante mucho tiempo, entonces mientras más se oculte el proceso de duelo y no se pregunte ‘¿qué pasó con la relación?’ aceptará a otro (otra) y al final terminará insatisfecho por haber hecho una mala elección”. Para la psiquiatra, el consejo del clavo que me dieron desde muy joven hasta hace poco es la peor recomendación para olvidar.



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