LIMA 15 DE ABRIL DEL 2020.
Día 31 del estado de emergencia.
Recorrido por el ex Mercado de La Parada, en La Victoria. Cerca del Parque del Migrante.
FOTO: LINO CHIPANA OBREGÓN
LIMA 15 DE ABRIL DEL 2020. Día 31 del estado de emergencia. Recorrido por el ex Mercado de La Parada, en La Victoria. Cerca del Parque del Migrante. FOTO: LINO CHIPANA OBREGÓN

A propósito de la mención del presidente Vizcarra y el impacto que podría tener la pandemia en la economía peruana, fijamos un paralelo entre Perú y Chile. Un clásico del Pacífico en versión COVID-19. Un ejercicio que comienza cuando al sur aún latía el rechazo a su gobierno tras el “despertar chileno” iniciado por el incremento de 30 pesos (12 céntimos de sol) en la tarifa del sistema público de transporte, el 6 de octubre pasado. Varias voces, al ver cómo se incendiaban también Ecuador, Bolivia y Colombia, explicaban con alivio la calma en el Perú: El 70% de informalidad “nos salva”. Algo así como que poco se le puede exigir a un gobierno al que poco se le da en tributos. Hoy esa lógica nos explota en la cara. La informalidad nos ahoga. Nos mata. Nuestra pasividad costará mucho. Mientras tanto a Chile, la pelea le ha dado, en medio de la crisis por el coronavirus, un margen de reacción. El Estado de ese país ha podido llegar a buena parte del 30% de los informales con solo depositar los bonos en sus cuentas bancarias. Para el resto, se ha formado un equipo que ve una oportunidad para lograr la formalización de todos. Debido al buen sistema de registro individual –Run y Rut– han podido devolver incluso los impuestos de enero y febrero a los independientes y, en el pico que atraviesan, solo tres regiones cumplen confinamiento significativo –la capital ahora está en cuarentena en un 70%–. Hay sectores detenidos, ciertamente, pero por ejemplo los restaurantes atienden por delivery, pagando seguro de desempleo automático por tres meses a meseros y con las medidas que Sanidad exige. En cuanto a cifras, se registran poco más de 300 muertes y 29 mil contagios con más de 500 ventiladores disponibles. Así las cosas, el presidente Piñera ha logrado un tímido repunte del 12 al 25% en popularidad. Nada comparado con el generoso 80% que presume el mandatario peruano.

Aunque antes de la pandemia Chile y Perú tenían las economías más fuertes de la región, probablemente después de esto no estaremos en esa lista. Al final, quizá no se trata de “reinventarse”. Tal vez basta con copiar lo bueno que otros hacen y sin duda la formalidad es una de las claves.