Mávila Huertas: "Me decían: esa ‘vocecita’ no sirve para narrar"

“(Cuando empecé en los noventa), recuerdo a algún director que decía: ‘¿Y tú qué vas a cubrir: cómo ensaya el ballet del elenco nacional?’. Me ha pasado que en una entrevista con un magistrado, este de repente me puso la mano en la rodilla”, señala.

Mávila Huertas. Periodista

Mávila Huertas. Periodista. (Perú21)

Mávila Huertas. Periodista. (Perú21)

Mijail Palacios

Mientras la ciudad duerme, realizamos esta entrevista. Mávila Huertas nos recibe en el centro de noticias de América TV y Canal N , en Santa Beatriz, en la otra esquina de la televisión. En el umbral de la medianoche. Luego de dos puertas de seguridad, estrechamos el saludo respectivo, nos acomodamos en una esquina, casi en el pasadizo. Ella aún con la adrenalina del noticiero nocturno y yo con la grabadora en la mano. Mientras nos sentamos, el personal se despide. Afuera la llovizna limeña, adentro el calor de las palabras firmes de la periodista, que podrá leer todos los lunes en Perú21.

¿Ingresa al periodismo por decisión o por accidente?
La tuve clara desde muy joven, lo que es una suerte. Me gustaba mucho la sociología, que era el análisis de los fenómenos masivos, me gustaba mucho contar historias, escribir, investigar y el cine. Todo eso se fue conjugando en el periodismo, sobre todo el televisivo. Aunque empecé como redactora, mi primer trabajo importante fue como reportera del programa Contrapunto de Canal 2. Eso fue en el año 92.

Año crucial en la historia reciente del Perú.
Entré un mes después de la captura de Abimael Guzmán. Me tocó la nota del mes de la captura.

Pero mucho antes había dado sus primeros pasos en una suerte de revista de barrio.
(Risas) Era una suerte de semanario que se hacía con papel bond, papel carbón, en máquina de escribir. Te daba un reporte de las actividades en el barrio durante el fin de semana. Estamos hablando de la calle Los Sauces, en San Borja. Era la edad de las fiestas de viernes y sábado. Había material suficiente. Se llamaba ‘El sauce rajón’. Su eslogan era: “Lee este diario y cambiarás de opinión”. Teníamos el ranking del churro de la semana, quién había bailado bien o si vieron ‘chapar’ a alguien.

¿En serio lo repartían?
Tenía un tiraje según la cantidad de vecinos. Lo repartíamos a las tres de la mañana. Lo poníamos en un sobre con el nombre de los vecinos. A esa hora nadie te ve, entonces era perfecto para que quedara en el anonimato. Duró un verano. Fue divertido.

Y fue antes de Magaly.
¡Precursora del chisme!

¿Fue difícil ser una periodista mujer en los tiempos que ingresó a este oficio?
Entré a Contrapunto y era la única reportera mujer. También era la más joven. Recuerdo a algún director que decía: “¿Y tú qué vas a cubrir: cómo ensaya el ballet del elenco nacional?”. Y lo decían abiertamente. O también: “Esa ‘vocecita’ no sirve para narrar historias”. Me ha pasado que en una entrevista con un magistrado, este de repente me puso la mano en la rodilla, y tuve que pararme y mandarlo a la mierda.

¿Cuál fue la reacción de él?
Se quejó con el canal, que me había portado mal. Era un presidente de la Corte Superior. Entonces, un director del medio me dijo: “Cómo se le ocurre a usted pararse y no hacerle la entrevista. Semejante majadería”. “Si quiere botarme, bóteme”, le respondí. No iba a aguantar eso. Incluso, la distribución de las notas. Mis primeras notas eran sobre ‘los pajaritos de no sé dónde’. Hasta que tenías que demostrar que eras capaz de leer un expediente judicial y que te dieran los casos Vaticano, CLAE o Sendero.

¿Qué ha sacrificado por el periodismo?
No lo considero sacrificio en la medida que tú eliges. Pero no se puede tener todo al mismo tiempo. Y sí considero que durante mucho años, sobre todo cuando trabajé como reportera, le quité tiempo a mi vida personal. A veces me arrepiento de eso. Vivía viajando, trabajando de noche, haciendo turnos el fin de semana, los feriados no eran feriados, armando maletas para viajar cuando ya eras testigo de un matrimonio. Te distancias de tu familia, de la posibilidad de tener un hogar tradicional, de tener hijos joven.

¿Se arrepiente de no tener hijos?
Tomé la precaución de congelar óvulos; entonces, todavía podría tenerlos. Creo que tomé una decisión correcta en el momento adecuado. Me gusta mucho mi trabajo y me considero privilegiada de hacer algo que me gustaba a los 18 años, y que fui construyendo.

¿Cómo define el periodismo?
Es un servicio social. Funciona como un enlace entre lo que sucede y la gente, entre las tomas de decisiones y los hechos que marcan la agenda de una sociedad y el ciudadano. Eres una persona que va a detectar por dónde está el interés de las personas y la importancia de los hechos para contarlos en un lenguaje que llegue a la mayoría.

¿La ‘Ley Mordaza’ es signo de algo más grave?
Es una aberración jurídica. A la larga no va a tener duración. ¿Cómo le vas a pedir a la prensa que no denuncie todo lo que se está gastando el Congreso en contratar militantes de un partido? Juegan porque tienen el poder, pero lo hacen burdamente. Con esa ley, le estás diciendo al Ejecutivo a quién contrata y a quién no. Es una dictadura parlamentaria. Abuso de poder.

¿Qué pueden esperar los lectores de Perú21 en sus columnas de los lunes?
Me alegró mucho que Cecilia Valenzuela asumiera la dirección del diario. Me parece que desde que ella asumió el mando, hay una garra particular. Hay un ADN periodístico. Lo que van a tener de mí es distinto a lo que hago en televisión, donde no editorializo. En la columna hay libertad individual. Es mi opinión, pero con argumentos que me respalden.

¿A qué le tiene miedo?
A la soledad.

¿Qué la hace feliz?
He aprendido a descubrir que las cosas más sencillas de la vida dan mucha felicidad, como estar con tus perros, leyendo el periódico y que se tiren encima del periódico, además tengo un gato. Esa tribu me acompaña en mi casa. Pero también me da felicidad visitar a mi padre en el cementerio y tener una conversación con él.

AUTOFICHA

- “Soy Mávila Milagros Huertas Centurión. Estudié Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima. Me especialicé en periodismo. Mi tema de tesis fue una locura semiótica. He publicado algunos libros, todos vinculados al periodismo. El último fue una biografía autorizada de Pedro Suárez-Vértiz”.

- “Me hice aficionada al fútbol porque soy madrilista. Mi campeonato favorito es la Champions. No me pierdo una final. Soy hincha de Zinedine Zidane. Y me gusta el Mundial, porque además de ser una pasión, es un espectáculo encantador. Acá he seguido a Alianza y la ‘U’”.

- “Soy friolenta y dormilona. Soy bien apasionada. Me gusta el romanticismo. Puedo ser feminista de alguna manera, pero me encanta que me abran la puerta, que me canten una canción. Me gusta estar en mi casa, comiendo helado con chocolate y viendo Netflix. Estoy ‘pegadaza’ con la serie de Luis Miguel”.

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