Un año, y el presidente Pedro Castillo sigue sin aprender a gobernar el país. (Imagen: Perú21)
Un año, y el presidente Pedro Castillo sigue sin aprender a gobernar el país. (Imagen: Perú21)

Por: Patricia Quispe y Alexander Villarroel

asumió la Presidencia de la República el 28 de julio de 2021 ofreciendo no defraudar al pueblo peruano. Un año después, esa es su principal promesa incumplida. No solo lo decepcionó, sino que ha sumido al país en un total desgobierno e inestabilidad, a tal punto que desde diferentes sectores sociales, políticos, económicos y empresariales le han reclamado al mandatario –en distintos momentos– su renuncia, tanto como al asumir una postura firme respecto de la corrupción y la ingobernabilidad del actual régimen a través de una declaratoria de vacancia presidencial.

El profesor de Chota, que, en campaña y ya en el Gobierno, ha repetido hasta el cansancio: “No más pobres en un país rico”, ha minado su escaso capital político y perdido el exiguo apoyo a su propuesta de una Asamblea Constituyente.

(Perú21)
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Llevando a cuestas cinco investigaciones fiscales –algunas de las cuales lo sindican como cabecilla de una organización criminal–; dos mociones de vacancia en su contra; dos personajes de su entorno más cercano aún prófugos y un tercero –Bruno Pacheco– ya colaborando con la justicia; y cuatro ministros censurados por el Congreso, Castillo ha anticipado que hoy habrá “sorpresas” en su mensaje a la Nación ante el Pleno. Según el último sondeo de Datum, sin embargo, a un 64% de la ciudadanía no le interesa o le importa muy poco lo que dirá el mandatario, cifra que evidencia el hastío de la población y la pérdida de cualquier esperanza de que pueda haber un cambio de rumbo.

Así, y con un 75% de desaprobación, de acuerdo a la misma encuestadora, el jefe de Estado cumple su primer año de gobierno, que ha estado marcado por escándalos políticos derivados, entre otras cosas, de su incapacidad para elegir con acierto a sus principales colaboradores, generando con ello un copamiento que tiene paralizado al país. Y es que, como él mismo lo reconoció a la cadena internacional CNN, está en un “proceso de aprendizaje” que, a estas alturas, ya parece ser eterno.

(Elaboración: Perú21)
(Elaboración: Perú21)

IMPRESENTABLES

En total, han sido 53 los ministros que han desfilado por 18 portafolios, y cuatro titulares de la Presidencia del Consejo de Ministros. Eso ha conllevado a un reiterado cambio de viceministros, directores y personal de confianza que ha hecho prácticamente imposible implementar políticas sectoriales coordinadas y efectivas.

El ministerio que encabeza el ranking de titulares defenestrados es Interior. Por allí ha transitado Juan Carrasco Millones, quien asumió el cargo cuando no se aceptaba su renuncia como fiscal y luego, como ministro de Defensa, acudió al despacho paralelo de la casa Sarratea. También el abogado del sentenciado por corrupción Vladimir Cerrón, Luis Barranzuela, un expolicía que registra más de 150 sanciones en su legajo, que arrastraba una investigación fiscal por peculado doloso cuando Castillo lo integró al gabinete, y que canceló los operativos de erradicación de hoja de coca en el Vraem.

A ellos los sucedió Alfonso Chávarry, bajo cuya gestión se pretendió confinar a la población en sus casas con un toque de queda el 5 de abril para mitigar el paro de transportistas; y también Dimitri Senmache, quien fue finalmente censurado a solo 39 días de jurar al cargo por su responsabilidad política en la fuga de Juan Silva y la desidia para capturar a Bruno Pacheco y al sobrinísimo Fray Vásquez. Pero el Mininter, además, se convirtió este año en el botín político del Gobierno, a través de la designación de prefectos y subprefectos, muchos de ellos ligados al Conare-Movadef.

Clandestino. Castillo “despachó” en una casa de Sarratea. (Foto: Cuarto Poder)
Clandestino. Castillo “despachó” en una casa de Sarratea. (Foto: Cuarto Poder)

AGÜITA ARRACIMADA

Salud fue otro de los sectores golpeados por la incapacidad de Castillo. Allí , tras la gestión inicial de Hernando Cevallos, quien intensificó las jornadas de vacunación contra el COVID-19, entró a tallar Hernán Condori, cofundador de Perú Libre, amigo de Vladimir Cerrón y promotor de sustancias milagrosas, como la llamada ‘agüita arracimada’, y de la detección del cáncer en un minuto. Condori desmanteló programas de salud, como el de redes integradas, y dio pie, con su ineficiencia, a la renuncia de importantes cuadros de profesionales: desde el viceministro Gustavo Rosell hasta la directora de Inmunizaciones Gabriela Jiménez, y todo el equipo consultivo del Minsa. Él, como Senmache, también fue censurado, pero ya el daño a la salud de millones de peruanos estaba hecho con el beneplácito del inquilino de Palacio.



COPAMIENTO CERRONISTA

En un año de alza en los precios de los minerales a nivel internacional, lo que podría haber revertido a favor del Perú, el Gobierno de Pedro Castillo no solo alentó la conflictividad minera sino que se cargó en peso al Ministerio de Energía y Minas, copándolo de funcionarios como Carlos Palacios Pérez, cuyo único mérito para ser nombrado ministro, a pesar de ser investigado por la Fiscalía por peculado, fue su militancia perulibrista. Pero Palacios no fue sino la cara más visible de toda la invasión del Minem por cerronistas inexpertos e ineptos, como el viceministro de Hidrocarburos, Rafael Alfredo Reyes; el secretario general del Minem, Loly Herrera Lavado, quien era abogado de la madre de Cerrón; o el caso de Melvin Flores, que pasó de un puesto de venta en el mercado de Huancayo a nada menos que director general de Minería.

Y así como el dueño de Perú Libre “tomó” el Minem, en Transportes y Comunicaciones fue Juan Silva, el inamovible amigo y paisano de Pedro Castillo, quien hizo de las suyas con negociados bajo la mesa en la licitación de obras, como la construcción del puente Tarata en la región San Martín. No estuvo solo. Con la venia del mandatario –según investigaciones periodísticas y versiones de colaboradores eficaces–, Silva tendió una red de corrupción en cuyo marco, se ha establecido, Zamir Villaverde le entregó S/130,000, de los cuales la mitad habría ido a parar al bolsillo del presidente. El ahora prófugo extitular del MTC se convierte así en pieza clase para desentrañar todo la corruptela que se ha enquistado en el Ejecutivo y que le ha dado a Pedro Castillo el vergonzoso título de ser el primer presidente de la historia del Perú investigado por graves delitos en pleno ejercicio de sus funciones y de encabezar la organización criminal montada en el Estado, según la tesis fiscal.

PCM: cuatro titulares sin brújula y con un discurso confrontacional

Doce meses y una sucesión de primeros ministros, cada uno más impresentable que el anterior. Guido Bellido, Mirtha Vásquez, Héctor Valer y Aníbal Torres –actualmente en funciones– han sido los encargados de implementar y monitorear las políticas públicas de un Gobierno con balance negativo.

Juntos y revueltos. Torres es el cuarto premier de Castillo. (Foto: Presidencia)
Juntos y revueltos. Torres es el cuarto premier de Castillo. (Foto: Presidencia)

Con una investigación fiscal por el presunto delito de apología del terrorismo por su cerrada defensa de las acciones terroristas de Sendero Luminoso, su pública defensa de la terrorista Edith Lagos, un perfil machista, misógino, homofóbico y un discurso radical, el congresista Guido Bellido –del entorno del sentenciado por corrupción Vladimir Cerrón– fue el primer jefe de gabinete de Pedro Castillo.

Anunció la nacionalización del yacimiento de gas Camisea, enfrentó permanentemente al sector empresarial y generó fricciones a la interna del Ejecutivo y con el Parlamento. Todo eso en los 68 días que estuvo en el cargo. Un tuit del jefe de Estado selló su salida para darle paso, el 6 de octubre de 2021, a la excongresista de izquierda Mirtha Vásquez, de discurso más moderado, pero igual de confrontacional que alentó la conflictividad contra las mineras. Vásquez casi duplicó el tiempo de permanencia de Bellido en la PCM, desde donde sacó cara por el presidente cuando se pusieron al descubierto sus reuniones clandestinas en una casa del pasaje Sarratea. El 31 de enero renunció por “discrepancias con el manejo de gobierno”.

A ella le sucedió, pero solo por tres días, Héctor Valer, un congresista anodino acusado de agresión física y psicológica a su esposa e hija. Finalmente, el cuarto premier, aún en funciones, es Aníbal Torres, admirador confeso del genocida Adolf Hitler, quien ha hecho del agravio verbal y el maltrato una práctica cotidiana. Ha lanzado improperios contra la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas, la prensa, el Congreso, el titular del Banco Central de Reserva, el cardenal, el Parlamento, etc. Torres, como sus antecesores, no ha generado consensos y, como su jefe, el profesor Castillo, tampoco ha dado la talla para el cargo.

La prensa puso en vitrina la corrupción

El doble discurso del presidente Pedro Castillo no se circunscribe a sus acciones de gobierno. También se aplica a su relación con los medios de comunicación, a los que ha maltratado desde que estuvo en campaña acusándolos de tergiversar la realidad y luego, apenas inició su mandato, impidió acceder a la ceremonia de juramentación de su primer gabinete. Lo que ha venido después no ha sido menor: agresiones a los periodistas por parte de su personal de seguridad, él mismo azuzando a la población contra la prensa, actividades oficiales a puerta cerrada. En un año de gobierno, solo ha dado contadas entrevistas: al canal del Estado, a un programa de TV prooficialista, a una revista y a la cadena internacional CNN, que evidenció su total incapacidad para ejercer el cargo. Fue incapaz de sentarse frente a la prensa nacional independiente para responder.

Como corolario, e inmerso como está en investigaciones fiscales, Castillo ha presentado ante el Congreso un proyecto de ‘Ley Mordaza’ que busca penalizar la difusión de información reservada en la investigación penal.

En mayo, el relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Pedro Vaca, vino a Lima a tomarle el pulso a la situación. “Son días difíciles para la prensa”, reflexionó al salir de Palacio de Gobierno. Fue testigo del cerco policial para restringir el acceso de los periodistas. Pese a ello, la prensa sigue investigando y sacando a la luz la corrupción gubernamental. Y así seguirá.

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